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martes, 4 de septiembre de 2012

¿Para qué sirve el cine?


Si nos preguntamos para qué sirve el cine, tal vez la cuestión primera residiría, en mi opinión, en qué es el arte y por ende qué utilidad tiene. Las definiciones que se han dado resultan muy variadas, aunque me parece indiscutible aquello de que “el arte nos hace humanos” y que de algún modo cada civilización o estilo retratan una época determinada. Y a pesar de que el cine ha sido la última gran disciplina artística en llegar, y a pesar también de que en la actualidad se emprende una cierta y errática crítica contra lo audiovisual como si por extensión estuviese reñido con lo plástico o literario, no podemos negar que a día de hoy para muchos de nosotros existen multitud de obras cinematográficas que forman parte de nuestro imaginario sentimental.
El cine como arte -que no como industria- nos ha alimentado espiritualmente muchas veces a base de películas de grandes pensadores contemporáneos que eligieron o han elegido esta vía de expresión.
Creo necesario recordar todo esto en el momento presente en el que las salas están cada vez más vacías, en el que como consecuencia se cierran cada vez más esos cines de siempre y en el que se relega la exhibición de films a los multicines de los centros comerciales.

A pesar de todo, como espectadores nos definimos y construimos de algún modo según nuestras preferencias: éstas nos marcan y nos impactan tanto como un buen libro, porque el arte cinematográfico supone además ese continente donde se agitan las más variadas influencias culturales. Así pues, no se trata sólo de evasión y palomitas.

Y por poner ejemplos de la conexión entre el cinéfilo y el filme me voy a referir a “Vivir su vida”(1962) de Jean-Luc Godard. En una escena en el cine, la protagonista (Anna Karina) parece sentir una tremenda empatía ante la pena de muerte de un personaje tan extemporáneo para ella como Juana de Arco –se muestra la versión de C.T. Dreyer-. Sus ojos expresivos se entornan y se llenan de lágrimas, y en ese momento todos somos Anna Karina.


Otro notable ejemplo como el anterior lo hallamos en “Cinema Paradiso”(1988) de Giuseppe Tornatore. Esta historia relata la amistad entre Totó, un niño aficionado al séptimo arte, y Alfredo, el operador de un cine en un pequeño pueblo italiano. Ambos han de sufrir con mal humor la censura del sacerdote que en plena posguerra ordena cortar todos aquellos planos que contengan un mínimo de sensualidad. (Spoiler) Pasados los años, Salvatore –Totó- se ha convertido en un reputado director y regresa a su villa natal para asistir al funeral de su gran amigo, el mismo que le ha legado lo que otrora nadie pudo ver. Así cuando lo contemplamos visionando la cinta de algunos besos míticos, todos somos también ese Salvatore feliz y a la vez emocionado que tampoco puede contener las lágrimas (fin de spoiler).



En definitiva, está claro que el cine forma parte de nuestra identidad cultural, de nuestro imaginario y de nuestras referencias y emociones. Sin él la Historia del Arte contemporáneo sería infinitamente más pobre... y nosotros también.

2 comentarios:

Joaquín Vergara dijo...

Me ha encantado la entrada, las referencias a "Vivre sa vie" (a mí también me conmueve enormemente la Juana de Arco de Dreyer) y a "Cinema Paradiso", y la reflexión final. Precioso

Aránzazu O. Lerín (C.V.) dijo...

Gracias por tu comentario. "Vivir su vida" me parece entera una de las grandes de Godard.Y Dreyer,Tornatore, en fin...se podrían citar tantas! Un saludo.