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martes, 2 de octubre de 2012

Una Blancanieves castiza


Esta versión libre de Blancanieves ha sido probablemente la más sincera de las tres que se han estrenado este año -las otras: “Blancanieves y la leyenda del cazador” y “Blancanieves (Mirror,mirror)”-. Su tráiler promocional ya nos advierte…”Nunca antes te contaron el cuento así…”. Las referencias parecen diversas, desde lo cinematográfico, lo plástico, lo literario hasta la alusión evidente al folclore andaluz, desprovisto éste de prejuicios y tratado con la elegancia, el humor y el misterio de un Pablo Berger (“Torremolinos 73”, 2003) que se revela como un gran creador dotado de un universo propio e incuestionable.
Aquí la heroína del mítico cuento gótico se llama en realidad Carmen y es hija de una cantante de copla y de un diestro, Antonio Villalta –el aparente típico/tópico-. Entrañable e ingenua, el devenir de la vida le procurará a nuestra protagonista bastante dolor, una malvada madrastra, cómo no –Maribel Verdú- y un inesperado futuro también como torera…

A mi juicio hay tres partes claramente diferenciadas. Por un lado el inicio y fragmento de la trama en el que Blancanieves convive con su abuela (Ángela Molina): ahí está lo folclórico retratado en esa plaza de toros repleta y vibrante con elementos como los mantones, los abanicos que se agitan, los trajes de luces y el barullo a la manera de las obras legendarias de Mariano Fortuny; y además lo característico de la mujer andaluza de antaño y el aire poderoso al estilo Romero de Torres. Sin embargo, a pesar de tratarse de un film rodado en blanco y negro y mudo, de ninguna manera todo el brío, el colorido y la jarana propias de lo anteriormente descrito se nos antoja ahogado o falto de intensidad.



En otra parte del metraje Blancanieves se traslada al cortijo de su padre y su madrastra, donde ésta última le obliga a trabajos impropios para una niña y al encierro en un cuchitril insalubre, ajeno al resto de la opulenta casa. Un encierro agotador y una casa oscura que retrotraen respectivamente a conceptos lorquianos y a una estética gótica. Observamos a veces planos muy oníricos y otros planos-detalle que remiten por la desvirtualización de la imagen al surrealismo de Buñuel.

Por último accedemos al final: Carmen ya es mayor y aparecen los famosos enanitos al modo de ese antiguo espectáculo de los enanos toreros, con los que inicia una carrera artística. Y estos hombres se muestran por su condición como condenados al ostracismo, con el destino único de servir para hacer reír a los espectadores más burdos. Evidentemente aquí hay un paralelismo con la fantástica cinta de Tod Browning “Freaks”(1932).

Definitivamente, creo que se advierte constantemente en esta ”Blancanieves” una presencia de la estética trágica, la de la plaza de toros, la de la desgracia de los enanos excluidos y humillados y la de la propia protagonista. Mención aparte merecen las interpretaciones de Macarena García (Blancanieves) y Daniel Giménez Cacho (padre), así como el ritmo ágil y el muy solvente y apasionado trabajo de su director. En cualquier caso este filme resulta muy sentido, toca la fibra sensible dentro de un imaginario muy rico y, planteamientos y formas aparte, resiste dignamente cualquier absurda comparación con “The artist”.

Enlace recomendado: reportaje del programa Días de Cine sobre esta película. http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-blancanieves/1537994/

Fotografía extraída de la página: http://www.trailersyestrenos.es

2 comentarios:

Mara Miniver dijo...

Pues ya tenía ganas de verla... Ahora más!!

Un saludo

Aránzazu O. Lerín (C.V.) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.