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jueves, 11 de octubre de 2012

La arrogancia honesta


“Aprender a pintar como los genios del Renacimiento me llevó algunos años. Aprender a pintar como un niño me llevó toda la vida”. Creo que esta cita de Pablo Picasso tiene, entre otras cosas, bastante que ver con el argumento de “El manantial”(1949). Se trata sin duda de una película clásica de King Vidor, la siguiente a otra de sus obras maestras, “Duelo al sol”. Además de los evidentes valores que supuso para el lenguaje cinematográfico también nos narra las dificultades existenciales y la perseverancia de su protagonista, Howard Roark (Gary Cooper), por mantenerse fiel en su labor de arquitecto a sus principios estéticos vanguardistas, diametralmente opuestos a los que operaban en la época. De un modo bastante cínico los constructores arguyen, en alusión a la aportación de la innovación arquitectónica, que es el individuo el que debe someterse a la colectividad y a la Humanidad con el objetivo de darles lo que quieren y lograr de ese modo su satisfacción –obviamente por mantener al pueblo adocenado ante lo ya conocido… Plena actualidad-.

Pero la insistencia le traerá a este personaje principal su recompensa y en ello tendrá algo que ver Dominique Francon (Patricia Neal), la bella hija de un ricachón -entendida, sensible y decepcionada- que colabora como crítica de arte en el sensacionalista diario “The Banner”. Cuando ella aparece por primera vez ante Howard Roark, que entonces trabajaba como peón de obra para subsistir, se nos presenta en una altura superior, recurso que sin duda confiere grandeza a su figura; (SPOILER) mientras que al final será él, transformado en un arquitecto insigne, quien cierre el film encuadrado en un elocuente contrapicado (SPOILER).


Basado en una novela y guión de Ayn Rand, el film muestra muchos planos de edificios que se asemejan bastante a obras de Frank Lloyd Wright -La casa Robie o el Museo Guggenheim de Nueva York, por ejemplo-, el gran arquitecto estadounidense del siglo XX. No se trata de una casualidad, sino de un acercamiento formal puesto que Wright se había negado a colaborar a este respecto en la cinta.



Lo destacado del filme a nivel de contenido, reside a mi juicio, en la defensa de la impronta original del artista y en su propia e inviolable dignidad, características muy necesarias aún en un mundo que a veces abusa de revivals o “versiones de”. Además, tal y como proclama el protagonista “el creador se mantiene firme en sus convicciones y el parásito sigue las opiniones de los demás”.


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