.

.

viernes, 12 de abril de 2013

'El gatopardo' y Luchino Visconti


Hay quien ve en el príncipe de Salina de ‘El Gatopardo’ un trasunto del propio Visconti. Él expuso al respecto: ‘No soy siciliano ni príncipe. No lloro por un mundo pretérito que se derrumba. Querría que el mundo se trasformara más rápidamente’. Pero lo cierto es que la democratización de la cultura a la que él aspiraba no aconteció como habría deseado. Las clases menos favorecidas dieron lugar, a grandes rasgos, a otro tipo de sociedad alejada de sus profundas exigencias culturales y estéticas.
Por ejemplo, en ‘El Gatopardo’ los reencuadres especulares que desdoblan al personaje de Burt Lancaster podrían vincularse perfectamente con su director por el desencanto e insatisfacción final de vivir entre dos mundos. Por eso en este film la aristocracia se conecta mediante el matrimonio con la burguesía. La boda entre el personaje de Claudia Cardinale, Angélica –la nueva burguesía- y el de Alain Delon, Tancredi –sobrino del príncipe Salina- une convenientemente esos dos mundos hasta entonces separados. ¿Y acaso no ocurrió eso con los padres del realizador? –Él, el conde Giuseppe Visconti di Modrone y ella, Carla Erba, heredera de los laboratorios farmaceúticos Erba-.

Volviendo al filme cabría destacar el erotismo que despliega Claudia Cardinale al hacer acto de presencia, que marca además un punto de inflexión en la película. Ella encarna la nota discordante en la atmósfera solemne de la familia de Tancredi, esa familia que Angélica logra inquietar con su carcajada vulgar y sonora durante una concurrida cena. La carcajada que recuerda de dónde viene.

Dotado de una sensibilidad casi anacrónica, Visconti no entiendió ni transigió con el concepto de incomunicación de Michelangelo Antonioni asociado a la vanguardia cinematográfica de entonces en Italia. Esa tibieza no iba con un hombre de pasiones convulsas. Y es que este milanés, a pesar de su simpatía hacia el Partido Comunista Italiano, parecía un ser inevitablemente aristocrático, fiel a unas raíces a las que en el fondo no renuncia. Incluso la figura de la madre y algunos de sus ademanes –cómo colocarse un echarpe, su distinción, etc.- cobran vida y resultan significantes en ciertos personajes.


Siendo tan pasional se le tildó de cruel cuando exasperaba a sus actores en los rodajes tratando de moldearlos según sus necesidades e insultándolos sin tapujos.



Tuvo sin lugar a dudas una educación esmerada muy destacada en lo musical. Su madre acostumbraba a colocar en la cabecera de su cama y la de sus hermanos el horario con las actividades artísticas y disciplinas que debían estudiar cada día junto a los profesores particulares.

Sin embargo, Luchino Visconti queda en el recuerdo como un creador prolífico y como un hombre valiente, exquisito y luchador tanto personal como artísticamente, especialmente cuando hubo de batallar contra la censura.

Ficha técnica y sinopsis de 'El gatopardo' -pinchar enlace-.

2 comentarios:

Joaquín Vergara dijo...

Siempre he sido un rendido admirador del cine de Visconti, pese a que tenga detractores que lo tachen de lento. Me fascina su cine, la forma y el fondo de sus obras. Una entrada estupenda, Aránzazu.Bss

Aránzazu La Nuit dijo...

Gracias Joaquín por tus palabras. Es verdad que hay quien lo tacha de lento, pero creo que es necesario apreciar los detalles, era un hombre taaan perfeccionista...Besotes!