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domingo, 6 de octubre de 2013

Aquí está Joaquin Phoenix


El actor River Phoenix (“Stand by me”, “La costa de los mosquitos” o la singular “Mi Idaho privado”) murió una noche de octubre de 1993 por una sobredosis de un-poco-de-todo. Así el posterior advenimiento de su hermano al plano artístico (los dos han usado el mismo apellido que en realidad no les pertenece) podría haberse quedado en la incursión del hermano de, el que se suma a un camino ya trazado. Criados ambos en el seno de una familia hippy y nómada, vivieron durante un tiempo en Puerto Rico, donde nació Joaquin, de ahí la elección de su nombre latino.

A día de hoy este último ha dado buena cuenta de sus cualidades dramáticas, convirtiéndose en uno de los mejores actores de su generación. Tal vez por eso resulta subyugante el duelo interpretativo que libraron él y Philip Seymour Hoffman en la reciente “The master” (2012) de Paul Thomas Anderson.
Pero previamente, en 2010 y en compañía de su cuñado y también realizador Casey Affleck, emprendió otra vuelta de tuerca a su trayectoria rodando el (falso) documental “I’m still here” (spoiler). En él se interpretó a sí mismo y durante meses orquestó junto al equipo de la película y ante los medios de comunicación, una disparatada versión de su persona: Joaquin Phoenix se nos presentaba como un hombre en un drástico proceso de cambio que manifestaba allá por dónde iba que dejaba el cine para iniciar una carrera como penoso cantante de rap (ojo al programa de David Letterman). Su reputación a lo largo de aquel año se despeñaba y él se convertía en objeto de burla.

Pocos días más tarde del estreno de “I’m still here” el director desveló la farsa a través de la prensa.



Se trata por lo tanto de un film que habla de la idiotez y volatilidad que conllevan la fama y la condición de celebrity. Un film que en algunos momentos se antoja necesariamente grotesco y desconcertante y que una vez más entraña un soberbio y valiente trabajo, incluso a nivel físico, por parte de Phoenix. Una labor de larga duración y confección,  en ocasiones sin ensayos, como sus apariciones públicas, que subraya su saber hacer. Tanto que aún hoy hay quien duda que sea falso. Aunque quizás nunca sabremos qué grado de impostura guarda para sí cada estrella del celuloide.


1.  En el programa de David Letterman, incluido en el documental.



1.     2.  Con D. Letterman, después del documental.


jueves, 4 de julio de 2013

Personajes reincidentes

Dijo Orson Welles sobre F. Fellini: ‘Sus sofisticaciones funcionan porque las ha creado alguien que no es sofisticado (…)’. Pienso que en cierto sentido aludía así a la naturalidad que emana de la espontaneidad, de la gracia de quien no pretende gustar a todo el mundo. De esta manera muchos directores de cine han concebido a personajes de huella indeleble que han nacido transitando por sus propias biografías u obsesiones hasta conformar en ocasiones un alter ego o casi un tratado humanístico.

Truffaut explicó: ‘Me doy cuenta de que estoy alejado de las evoluciones estéticas, ya que no puedo hacer nada que no sienta profundamente’. Y precisamente este realizador dio lugar a su otro yo (Antoine Doinel) a través del actor Jean-Pierre Léaud, quien aún hoy muestra una mirada curiosa, el destello indefectible del hombre singular y entusiasta (igual que su mentor), del cómico inquieto, el mismo que señaló hace no mucho en una entrevista: ‘Yo, que soy tan sólo un actor, me siento hasta cierto punto autor de una obra’. Y no es para menos.





De Woody Allen se ha comentado hasta el hartazgo que siempre interpreta al mismo personaje, y tanto si esta afirmación resultase cierta como si no, lo verdadero reside en que esa actitud ha generado un hilarante repaso a la filosofía del hombre contemporáneo: las relaciones de pareja, la amistad, la infancia, el azar…en fin, toda una declaración de intenciones que ya apuntaba maneras en los primeros minutos de ‘Annie Hall’ (1977), aquel inicio tan sencillo y a la par tan grande.




Siguiendo otras estelas menos amables tenemos a Michael Haneke, un autor de temáticas constantes. Muchas de ellas las aunaba el rol de Isabelle Huppert, una de sus actrices fetiche, en ‘La pianista’ (2001). A saber: incomunicación, violencia, enfermedad, etc. Y Haneke muestra su sofisticación en la necesidad imperiosa de no juzgar a sus ‘criaturas’, algo que les da apariencia de frías. Ya indicaba Emmanuelle Riva sobre ‘Amour’ (2012): ‘Haneke vino a mí, después de una escena el primer día de rodaje y me dijo: “Es muy bonito pero demasiado dulce y tierno. Nada de sentimentalismos”. Me dio la clave, lo entendí todo y me entregué a fondo’ (*).
Justo así de gélida se comporta esa pianista especializada en Schubert, descarnada y cruda, tan cruda como la otra versión de Huppert que nos ofreció Claude Chabrol en ‘Gracias por el chocolate’ (2000), cuando su rol comenta al final que hace el mal porque no puede evitarlo.




He aquí una pequeña muestra de esos personajes de tendencias tan marcadas, aunque daría para mucho más…

(*) Número 2035 de Fotogramas.

viernes, 26 de abril de 2013

Katharine Hepburn es 'Historias de Filadelfia'


‘¡Eh, pelirroja¡’ dice continuamente Dexter –Cary Grant- a su joven exmujer, Tracy –K. Hepburn- en un tono cómplice.
La pelirroja lleva pantalones en una época en la que la falda resulta lo más 'apropiado' para las mujeres. La pelirroja necesita hallarse a sí misma para encontrar la felicidad. La pelirroja debe sublimar su rebeldía porque ‘mira a un hombre como un toro a punto de embestir’ (*). La pelirroja es Katharine Hepburn y ésta es a su vez Tracy Samantha Lord, y Lord es ‘Historias de Filadelfia’.
No por casualidad el origen de esta comedia tiene forma de obra de teatro: la producción se sufragó en parte con dinero de la actriz y su autor, Philip Barry, la escribió pensando en ella.
George Cukor se encargó de llevarla a la gran pantalla y de convertirla en una de las más excelsas comedias de enredo, aunque este término esté hoy muy devaluado.

La trama comienza cuando Dexter, exmarido de Tracy, hace un pacto con el periódico amarillista ‘Spy’. Ellos tienen unas fotografías comprometedoras del padre de la protagonista con una bailarina y el personaje de Cary Grant se presta a cambio a facilitarles un reportaje de la nueva boda de su exmujer, muy reacia a este tipo de cotilleos. Así el rol de Grant acude, tras dos años de ausencia, a la casa familiar de los señores Lord con dos periodistas –uno de ellos James Stewart- que se hacen pasar por amigos de la familia.
Los equívocos están servidos y también los reajustes de las situaciones que necesitan encontrar su verdadero lugar.

Se trata de un ejemplo de las historias mínimas y sin embargo interesantes de la clase alta estadounidense. Un acercamiento, una invasión a la vida doméstica de quien pudiendo convertirse en carne de cañón de los tabloides sensacionalistas no lo desea así. Y quizá durante casi dos horas los espectadores nos transformamos en los lectores potenciales de esa prensa rosa. Una prensa rosa en este caso deliciosa y con algunas de las más inolvidables, soberbias y divertidas escenas de la Historia del Cine.



(*) El padre de Katharine Hepburn solía decir a sus hijas: ‘Todas vosotras, chicas de Nueva Inglaterra, miráis a un hombre como un toro a punto de embestir. Sois muy sinceras y abiertas, pero creo que espantáis a los chicos’.

jueves, 12 de julio de 2012

Una cara con ángel V: Jean-Pierre Léaud

Jean-Pierre Léaud (París, 1944) es un actor francés que nació en el seno de una familia de intérpretes y que gracias a su papel protagonista en “Los cuatrocientos golpes” alcanzó el reconocimiento mundial. A los ojos de la mayoría de los espectadores permanecerá eternamente como el trasunto cinematográfico del inefable François Truffaut. Y precisamente con Truffaut, hijo adoptivo del crítico André Bazin (autor de “¿Qué es el cine?”) y con el grupo que constituía la publicación Cahiers du Cinema, tuvo lugar el advenimiento de la Nouvelle Vague francesa, que a finales de los años cincuenta presentó una nueva forma de narración fílmica con un fluido y novedoso montaje, con el uso frecuente de la cámara al hombro y con la implantación de temáticas más frescas, acaso singularmente influenciadas por las cintas americanas. Leáud no sólo personificó con Truffaut a Antoine Doinel, también lo vemos, por ejemplo, en “Las dos inglesas y el amor” (1971).



Y es que el rol de Doinel dio para mucho, para films como “Antoine y Colettte”(1962), “Besos robados”(1968), “Domicilio conyugal”(1970) y “El amor en fuga”(1979). Personalmente creo que de algún modo Truffaut debía a su público una continuación de la vida de aquel adolescente rebelde que convive con una madre que no lo quiere demasiado y con su padrastro; un joven de doce años que se escapa de clase para ir al cine, su gran pasión junto con la lectura, hasta terminar recalando en una especie de reformatorio... Y de allí también huye, porque los planes de Antoine a corto plazo –aparte de “hacer su vida”- residen en ver el mar y en hallar la libertad.
En los últimos minutos de “Los 400 golpes” apreciamos la fuga del protagonista, que en una larga secuencia corre hasta llegar al mar donde moja sus pies asombrado y se vuelve hacia la cámara mirando fijamente al objetivo (he aquí una ruptura con las normas del cine tradicional). Entonces Antoine Doinel, con sus ojos, parece interpelar al espectador: ya ha conseguido lo que quería, pero…¿y ahora qué?



En su vida adulta se nos presenta a veces como un hombre confundido en constante búsqueda de sí mismo, a la par que como un filósofo de lo cotidiano sin dramatismos y con un peculiar sentido del humor. Para el público en general este personaje siempre resultará universal, un espejo en el que muchos podrán mirarse a pesar de que pasen los años.

(Enlace a una entrevista realizada por Días de Cine a Jean-Pierre Léaud en 2011: http://www.rtve.es/alacarta/videos/dias-de-cine/dias-cine-entrevista-jean-pierre-leaud/1074937/ ).


martes, 29 de mayo de 2012

Una cara con ángel (lV)

Si se trata de escoger a la actriz europea por excelencia, la grande entre las grandes de la actualidad, creo que muchos nos decantaríamos por Isabelle Huppert (París, 1953). Tal vez lo mejor que se puede decir de ella es que es casi un género en sí misma y que resultaría más sencillo citar a los grandes directores con los que no ha trabajado que al revés. Su intuición se muestra arrolladora para elegir papeles, ya que según explica "por mucho que nos esforcemos en hacerlo creíble, un personaje nunca existe, mientras que las personas somos reales. A mi entender, lo más interesante que puede hacer el cine es poner a circular la realidad. Solo lo que tiene un fundamento real alcanza al espectador. No hace falta que yo haya vivido la experiencia de mi personaje, pero es necesario que tenga cabida en mi imaginario. Sigo creyendo que actuar consiste en hacer aparecer en la pantalla una parte invisible de una misma”.


miércoles, 18 de abril de 2012

Una cara con ángel (lll)

Daniel Auteuil (Argelia, 1950) es un actor francés bastante poliédrico en sus interpretaciones, muy distintas entre ellas pero igualmente solventes. Su carácter carismático y versátil lo ha llevado a lo largo de su carrera a escoger, con un impecable olfato, unos excelentes papeles, casi siempre con algunos de los más reputados directores europeos: Claude Berri, André Téchiné, Michael Haneke, Patrice Leconte, ect. Quizás por ello nos resulta en ocasiones tan intrigante (“Un corazón en invierno”, “La chica del puente”) y en otras tan cercano (“Pintar o hacer el amor”, “Mi mejor amigo”). Tal vez no parezca el más deseable en un primer golpe de vista, pero qué duda cabe de que es un intérprete extrañamente seductor y uno de los más interesantes y prolíficos actualmente en Francia.

lunes, 19 de marzo de 2012

Una cara con ángel (ll)

Romain Duris (París, 1974) fue descubierto por Cédric Klapisch para el cine. A pesar de no resultar un actor vocacional en sus inicios, realizó para el anterior películas como “L’auberge espagnole” (“Una casa de locos”, 2002); su secuela, “Las muñecas rusas” (2005) o “París” (2008), donde compartió protagonismo con Juliette Binoche. Sin embargo, su papel más reconocido, visceral y soberbio lo interpretó en “De latir, mi corazón se ha parado”, segundo film del laureado director Jacques Audiard.

lunes, 5 de marzo de 2012

Una cara con ángel (l)

“Una cara con ángel” no es sólo el título de aquella adorable película de Stanley Donen protagonizada por Audrey Hepburn. También podríamos catalogar así a infinidad de actores y actrices que sin resultar necesariamente guapos según los cánones al uso, hacen que reparemos en ellos por la singularidad de su atractivo. De este modo me gustaría iniciar una serie de vídeos cortos elaborados por mí misma para recordar a todas esas estrellas o personajes cinematográficos que por un motivo u otro nos robaron el corazón en algún momento. Para empezar, Jeremy Irons.

domingo, 22 de mayo de 2011

¿Cuestión de suerte?




“La chica del puente”(1999) es una película de Patrice Leconte que de alguna manera continúa la línea de cine poético dentro de su filmografía, como ya hiciese con “El perfume de Yvonne” o “El marido de la peluquera”. Este film aborda sin duda alguna el azar o las casualidades, inserto todo ello en un marco onírico que se sirve de un tipo de fotografía en un depurado blanco y negro, y del uso de tomas atropelladas de una misma situación desde diferentes perspectivas, quizás para ensalzar el tono delirante de la cinta. Todo comienza cuando Adèle (Vanessa Paradis), una joven inestable y soñadora, decide suicidarse tirándose desde un puente. Ella se cree desafortunada porque nunca nada le ha salido bien, porque espera que suceda un cambio en su destino como por obra y gracia, metafóricamente hablando, de un simple conjuro mágico. Justo entonces aparecerá Gabor (Daniel Auteuil), un lanzador de cuchillos que busca a sus dianas en puentes y tejados, que va a la caza de mujeres que nada tienen que perder y que siempre le han acompañado en sus tretas y argucias de buscavidas alocado. Gabor, un hombre seguro, maduro, irónico, pero también solitario, intentará convencer a Adèle con curiosos trucos, de su desconocida e inexplorada fortuna. De nuevo Auteuil, uno de los más laureados y prolíficos actores franceses de la actualidad, representa al hombre interesante, el del atractivo casual, el resultón de yo-sólo-pasaba-por-aquí.



La tensión sexual entre los dos protagonistas se masca durante todo el metraje, especialmente con la recreación de orgasmos alegóricos cuando Gabor lleva a cabo sus lanzamientos de cuchillos. Pero el personaje de Daniel Auteuil sabe del carácter enamoradizo de Adèle, que constantemente cree haber hallado en cada hombre que le presta atención al “amor de su vida”. A pesar de todo, su vida nómada de artistas errantes dará para encuentros y desencuentros varios en esta atípica película que mezcla con bastante agilidad un ejemplo de drama singular y de cierto toque cómico. A tener muy en cuenta su memorable banda sonora, coronada principalmente por la canción de Marianne Faithfull “Who will take my dreams away”.