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viernes, 13 de mayo de 2016

Pose de perfecto



Verano, mentira y lujo...'El hombre perfecto' (Yann Gozlan) tiene demasiado de 'Plein Soleil' (1960). No tiene a Alain Delon pero sí a Pierre Niney, guapo en su perfil anguloso, en clarooscuro y a la luz del sol. Por algo interpretó hace poco la vida de Yves Saint Laurent.

Mathieu es un escritor común, quizás mediocre, que no llega a lo que tiene en mente. Trabaja de lo que puede hasta que un día roba un manuscrito que hace pasar por suyo. Y de repente cosecha éxito, dinero, prestigio y amor hasta verse inmerso en una existencia que no le pertenece. No debe haber nada más angustiante que vivir una mentira, porque una lleva a la otra tejiendo un drama tenso como pilares de un edificio enclenque. No debe haber nada que consuma más que ser otro sin aspiraciones de remediarlo. Difícilmente habrá algo más frustrante que fingir habilidades con las que no se cuenta como si eso ayudase a salir del paso. 

Yann Gozlan reencuadra continuamente al rol principal en espejos que aluden a la doble vida. 








Pero 'El hombre perfecto' remite más de la cuenta al film de Clément en la estética, la intriga y las tensiones de la historia. Sin embargo, esta película muestra algo muy pulido e icónico que resulta atemporal. Porque h
ay temas tan antiguos y arraigados que con un poco de elegancia, mano izquierda y buenas referencias dan con facilidad buenos resultados.

jueves, 20 de marzo de 2014

'L'Atalante', la más hermosa de todas


Pongo esta foto de ‘El espíritu de la colmena’ porque ésa es la cara de admiración que se me queda a mí también viendo una obra maestra como ‘L’Atalante’. Elegido uno de los grandes films de la Historia por numerosas publicaciones, esta cinta del cine impresionista rezuma poesía, lirismo y dulzura con un saber hacer incomparable y con un blanco y negro que en esta ocasión es más que nunca el color del alma.

‘L’Atalante’ (me) produce calidez y sensación de ‘estar en casa’ por la delicadeza y pureza de sus personajes así como por el lenguaje cinematográfico de tan altas cotas al que llega Jean Vigo. Un lenguaje lleno de maestría por la colocación de la cámara (planos centitales) y el lugar que ocupa en el encuadre (montaje interno), algo que subraya a este mítico realizador como deudor de los anteriores y más excelsos hitos del cine.


En cuanto al argumento, el presente filme cuenta la historia de los recién casados Jean y Juliette que se embarcan en la nave de él para iniciar su vida juntos como marineros. ‘L’Atalante’ ha sufrido incontables montajes distintos y mutilaciones a lo largo de los años. Los principales se remontan a 1934 (una vez muerto Jean Vigo prematuramente a causa de tuberculosis), a 1940 y a 1990.
Hace pocas semanas y con motivo de su ochenta aniversario la productora Gaumont ha sacado a la venta una excelente copia restaurada en DVD y Blu Ray.






sábado, 11 de mayo de 2013

Baptiste y 'Los niños del paraíso'


En ‘Los niños del paraíso’ (1945) de Marcel Carné hallamos un magistral inicio en el que a través de escasos minutos nos presentan a los personajes principales: Garance (Arletty), Frédérick Lamaître (Pierre Brasseur), Pierre-François Lacenaire (Marcel Herrand) y especialmente Baptiste (Jean-Louis Barrault).

Ese comienzo tiene lugar en el Boulevard du Temple, que ya no existe. Al igual que ocurre con filmes como ‘Accattone’ de Pasolini, sus localizaciones fueron arrasadas por intervenciones urbanísticas. En el caso presente la intervención sucedió antes del rodaje. Entre 1854 y 1870 acontecieron las reformas del Barón Haussmann en época de Napoleón lll con la intención de poner orden a la ciudad de París que crecía caótica y vertiginosamente. Como caótico debió de ser ese boulevard en sus orígenes, apodado el Boulevard del Crimen, nada casual considerando que estaba repleto de teatros, de barracas de feria, de paradas de números circenses y de carteristas.

Así pues, esta gran producción no escatimó en recrear la capital francesa de primera mitad del siglo XlX, hasta el extremo de que el propio Carné tuvo que vender la casa de sus padres para financiar la película.


                                       
                                         Nueva versión restaurada




Argumento (spoiler):


Toda la acción converge entorno al Teatro de los Funambulistas, cuya estrella principal, Baptiste, muestra una correlación con Scarlett O’Hara de ‘Lo que el viento se llevó’. La hija del dueño del espectáculo está enamorada de él. Ella (Maria Casarès) le profesa un amor verdadero, estable y sincero.
En cuanto al protagonista cabe decir que ni el maquillaje ni el traje que luce en sus pantomimas ni el carácter lírico de éstas distan mucho del Baptiste verdadero. Él se nos antoja introvertido, tierno y demasiado idealista. Su pasión –más onírica y caprichosa que real- y sus atenciones recaen sobre Garance, que ha empezado a trabajar con los Funambulistas y que es sobre todo pose y amor platónico.
El mimo trata de cortejarla sólo con palabras emotivas, no muy halagüeñas para consumar la carnalidad que ella le ofrece, la de una mujer mucho más básica y directa. Mientras, Baptiste actúa como ama, entre lo irreal y lo fantasioso.

Ante los sinsabores de estas y otras historias que se entretejen y deshilvanan sucesivamente, se sitúan la alegría y el entusiasmo de los jóvenes que en el teatro ocupan las localidades más baratas, ésos que se agitan vehementes ante una buena interpretación, los que encarnan un plano más vigoroso.



Conclusión:

Este film de maneras clásicas, con una fotografía exquisita y con oportunos desenfoques, dura tres horas y se divide en dos partes: ‘El boulevard del crimen’ y ‘El hombre blanco’. Convertida a día de hoy en un hito y rodada entre 1943 y 1944, fue así recordada por Carné pasados los años: “En plena guerra…¡ Cuando ahora lo pienso creo que estaba loco. Fue una locura embarcarse en esa empresa en plena guerra, pero me lancé a ella como un demente (…)”. Y menos mal que lo hizo y nos regaló esta joya.

domingo, 10 de febrero de 2013

'Holy Motors' o la valentía de Leos Carax


Enfant terrible, autor maldito, raro…son sólo algunos de los adjetivos que acompañan a menudo a la figura de Leos Carax. Personalmente y tras ver “Holy Motors”, únicamente me resta decir que este realizador tiene una personalidad, un estilo y una valentía –una grandísima valentía- bastante inusuales en la actualidad.

(Spoiler) En el presente film observamos un inicio muy elocuente: en una sala de cine los espectadores se muestran indolentes, desconectados, con los ojos cerrados y totalmente inactivos en definitiva. Mientras tanto y muy cerca –no olvidemos que estamos ante una cinta algo surrealista o muy libre en su narración-, el propio Carax se halla en una habitación con una pared empapelada mediante el dibujo de unos árboles, de un bosque. El director se acerca a ella, la abre casi a golpes y entra de inmediato en la anteriormente citada sala de cine: así, cual demiurgo introductor y lúcido, da comienzo a su creación o a su poética visión de la realidad interpretada por el gran Denis Lavant.

¿Pero qué cuenta “Holy Motors”? Mr. Oscar –Lavant- encarna a una especie de actor que recorre París en limusina y que representa diversos ‘actos’ o ‘eventos’ -mendigo, asesino, padre de familia, etc.- que le son encomendados y para los cuales se transfigura según la ocasión mediante maquillaje, postizos o curiosos ropajes.
En el que más me llamó la atención de todos ellos, el protagonista, como un singular monstruo, pasea por un cementerio hasta llegar al enclave donde están haciendo una sesión de fotos con una modelo –Eva Mendes-. Tras raptarla, él transforma su escotado vestido en una especie de burka que ella se retira de la cara asemejando una Virgen, mientras Lavant, desnudo e itifálico, se recuesta sobre ella: la imagen resultante recuerda a una Piedad.


Pero Mr. Oscar no está sólo en su labor: hay más actores en limusina, hay múltiples ‘eventos’ y ‘actos’…Y quienes generan esos actos son los motores a los que alude el título, y quizás el mundo actual corre el peligro de quedarse sin ellos, sin belleza, sin acción…tal y como afirman en su diálogo esas limusinas ya aparcadas al final… (fin de spoiler).





Igual que reza la publicidad del filme, “Holy Motors” consiste en “una sublime locura”, la obra de un autor muy innovador que no busca un baño de masas. Con Leos Carax se puede entrar en conexión o no, no pienso que se trate de tener un paladar más o menos exquisito, eso sí, la singularidad de su lenguaje y mensaje difícilmente puede cuestionarse.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Estrenos franceses, cosecha de 2012


Siempre he pensado que la cinematografía francesa era, en términos generales, una de las más destacadas del mundo, o casi. El único problema en España –multiplíquenlo por diez en una ciudad pequeña- reside en que la mayor parte de estos films no se estrena por vías comerciales, si acaso en cines pequeños o especializados en esta línea o directamente en filmotecas. Sin embargo me da la impresión de que este año ha resultado especialmente fructífero para el país vecino, puesto que la lista de películas galas que se ha podido ver en muchas salas se ha alargado bastante y está además compuesta por obras en donde lo comercial y el espíritu crítico quedan convenientemente equilibrados.
Empezamos 2012 con los récords que batió “The artist” en los Oscar al lograr cinco de esos galardones habitualmente tan predecibles. Más tarde y con “Amour” de Michael Haneke continuó el prestigio medido en premios.
En otro orden diría que con “Intocable” se alcanzó una gran conexión con el público, pero desde mi humilde punto de vista, su exceso de buen rollo y su necesidad de complacencia chirrían bastante. La energía y la comedia con reminiscencias teatrales llegaron con “El nombre” (“Le prénom”, Alexandre de la Patellière). Su planteamiento es bien sencillo: un pequeño grupo de familiares y amigos se reúnen para cenar. Uno de ellos revelará como una broma el nombre que le pondrá a su futuro hijo (Adolf) y a partir de ahí las peleas por cuestiones políticas y los trapos sucios personales sacudirán a sus personajes en una velada sin duda “inolvidable” y sin duda también emparentada con la de “Un dios salvaje” de Roman Polanski. La pátina de dulzura y cuento de hadas así como de reivindicación social la obtuvimos con “Las chicas de la sexta planta”, con la presencia española de Carmen Maura, Natalia Verbeke y Lola Dueñas.





“La delicadeza”, dirigida por el autor de la novela en la que se basa, David Foenkinos, despliega su elegancia con la trama de una mujer, Nathalie (Audrey Tautou), que despierta del duelo por la muerte de su pareja fijándose en uno de los subalternos de su empresa, Markus. La pega que representa Markus –atolondrado, raro, torpe, reservado y bondadoso- para el entorno de Nathalie es el hecho de parecer poca cosa. Afortunadamente esta cinta guarda fidelidad a su título y por ello resulta balsámica.



Pero como la realidad se impone, el director grecofrancés Constantin Costa-Gavras ha regresado para poner de relieve la dolorosa situación económica de la Europa actual con “El capital”. Con las maneras de un contador de historias y con el rigor de un profesor ha desarrollado un argumento centrado en el director de un banco (Gad Elmaleh) que representa la desvergüenza y la falta de ética predominante en la mayoría de los altos directivos de estas entidades.



Quizás todos estos films franceses hayan sido los más laureados o publicitados en España, pero aún quedan (me quedan) otros por citar y por ver como “El Skylab” de Julie Delpy o la aclamada “En la casa” de François Ozon.

(*)Fotografía: http://cine-espiritualcoriacaceres.blogspot.com.es

miércoles, 1 de febrero de 2012

Artistas de pocas palabras



Sobre “The artist” (2011) ya se han escrito ríos de tinta, y más que se escribirán con la próxima celebración de los Óscars, premios que a muchos dejaron de interesarnos hace tiempo. Aunque eso sí, no pongo en duda que este año el duelo a la mejor interpretación masculina que parece librarse entre George Clooney por “Los descendientes” y Jean Dujardin por el presente film, resultará bastante morboso, sobre todo porque este último –un actor recién llegado como quien dice, al mundo del estrellato- representa todo lo que Clooney ha deseado trasmitir a lo largo de su carrera: la presencia imponente del galán clásico, carisma, seducción, un amplio registro, versatilidad, y una simpatía natural que encandila – todo ello sin necesidad de aludir a cerdos vietnamitas ni a novias siliconadas-.

Por otra parte y aunque sólo sea en esencia, creo que Michel Hazanavicius ha logrado un triple salto mortal como ya hiciera este verano J.J. Abrams con “Súper 8”: esto es, homenajear -que no copiar- y digerir perfectamente ciertas películas de antaño. Obviamente en “The artist” los guiños a otros filmes pueden hallarse por doquier, porque no olvidemos que esta película francesa explica una trama en la que se ponen en juego las dificultades que pudo ocasionar el tránsito del cine mudo al sonoro (ahí y al final está “Cantando bajo la lluvia”) centradas en el personaje estelar de Georges Valentin  y en la nueva y enamorada actriz Peppy Miller. Así, mientras Valentin se niega a aceptar los nuevos códigos del cine hasta caer ¿quizás? en el olvido, Miller representa a la mujer que sabe integrarse en su tiempo erigiéndose casi en una imprescindible de la cinematografía del Hollywood que retrata la cinta.



Sin embargo, “The artist”, a pesar de reflejar con mucho mimo parte de la iconografía de los años 30’, tiene algunos elementos que la acercan al presente: por un lado el ritmo narrativo, que si bien no supone el habitual de muchos films postmodernos, tampoco se aleja tanto del cine actual; y por otro (SPOILER ) el hecho de que la heroína redentora de esta historia muda sea ella y no él, tal y como antes nos tenían acostumbrados (FIN DE SPOILER). En cualquier caso, sobra decir que como a muchos, me parece absolutamente recomendable.

sábado, 29 de octubre de 2011

Un mundo raro



En 2008 Sylvie Verheyde dirigió “Stella”, aunque en España se ha estrenado en este 2011. Aparte de la gran historia que cuenta, pequeña en apariencia pero enorme en su significado final, me llaman la atención en ella las interpretaciones de Benjamin Biolay y Guillaume Depardieu. Desconozco si el primero ha realizado más incursiones en el cine, porque su entorno habitual es la música. Siguiendo la estela de Serge Gainsbourg, ha compuesto para otros importantes nombres de la canción francesa como Françoise Hardy o Juliette Gréco. Además muestra una carrera imparable como cantautor de voz susurrante y rota, y un físico de belleza extraña e imperfecta que, a pesar de todo, lo hacen atractivo.
En cuanto a Guillaume Depardieu sólo puedo decir que verlo en esta película filmada en el mismo año de su prematuro fallecimiento, me ha hecho pensar mucho en él. Su personaje parece un curioso reflejo de lo que fue, un hombre cautivador curtido por una existencia mal vivida y probablemente por cierta mala suerte.
“Stella” cuenta la historia de una niña de once años que acaba de entrar en un colegio de ricos en el París de los años 70’. Sin embargo su entorno está poblado por personas poco recomendables y algo cascadas, esto es, por los habituales del bar-pensión que regentan sus padres: todos beben y bailan hasta la madrugada diariamente y no albergan grandes aspiraciones.



En el liceo Stella no saca buenas notas, no se relaciona con nadie y no le interesa nada ajeno al fascinante mundo familiar en el que cree vivir. Pero en su nuevo curso conocerá a Gladys, una niña exiliada argentina e hija de un psiquiatra. Va a clases de piano y danza y lee a Balzac y a Cocteau entre otros. Por fortuna, pronto Stella entenderá que quiere ser como Gladys, con la que trabará amistad: quiere leer, quiere integrarse y seguir un nuevo modelo a imitar.
En este film destaca también la fotografía de Nicolas Gaurin, delicada, detallista y personalísima. La película en cuestión no sólo nos habla de la vida aparentemente mínima de una cría de once años, narra también las dificultades del paso a la adolescencia y de la complejidad de buscar la configuración de una identidad propia en un entorno adverso con el que resulta difícil cortar el cordón umbilical, aunque eso sí, sin falsos moralismos y sin afán lacrimógeno.
Como sucede a veces, no hay explicación lógica para un estreno tan tardío en nuestro país de esta interesante cinta.

domingo, 26 de junio de 2011

Godard y los problemas de comunicación



Los desplantes de Godard a la prensa y su público no son una novedad. Basta recordar el Festival de Cannes 2009, cuando se le esperaba como agua de Mayo para la presentación de su “Film Socialisme” y finalmente decidió no acudir el día de antes. Pero analizándolo bien, quizás habría que pensar que se lo puede permitir: es un genio en vida que ya se sabe inmortal. Inevitablemente, quien ha dado obras como “Vivir su vida”, “Pierrot el loco” o “Masculino, Femenino” sobreentiende perfectamente que gracias a sus habilidades y por erigirse como el último estandarte de la Nouvelle Vague tiene perdonado de antemano el jugar al enfant terrible a sus 81 años. Probablemente también, por haber revolucionado el lenguaje cinematográfico junto a otros cineastas europeos cuando en EE.UU. todavía andaban con el manierismo de A. Hitchcock y Douglas Sirk, ya tiene un lugar asegurado en la Historia. Se le recordará siempre por su mítica “Al final de la escapada”, esa peli con la que ellos se enamoraron de Jean Seberg, la mujer con “la nuca más bonita del mundo” tal y como decía su partenaire Jean-Paul Belmondo (el mismo que utilizó el gesto de acariciar sensualmente con el dedo pulgar sus labios y del que el sobrevalorado hombre del anuncio de Martini sólo fue una mera caricatura).



Y si con la mencionada “Al final de la escapada”(1960) los protagonistas son el montaje entrecortado, el humor, París y sus inolvidables personajes; con “El desprecio”(1963) su cine parece haber encontrado un punto de equilibrio entre esos aires nuevos y el anterior clasicismo tan prolífico en U.S.A. En “Le Mépris” se emplean largos planos secuencia que recogen los sinsabores de un matrimonio formado por un dramaturgo metido a guionista, Paul (Michel Piccoli) y su esposa Camille (Brigitte Bardot). Esta última se sentirá aturdida y humillada cuando crea que su marido ha intentado ofrecérsela en bandeja al productor del film que ruedan, el norteamericano Prokosch. En un descanso del rodaje Paul anima a su mujer a que acompañe al productor en su coche a la mansión de éste, donde posteriormente se reunirán todos… sin esperar desde luego, ni siquiera el director (el mismísimo Fritz Lang interpretándose a sí mismo), que su compañero de equipo iba a pretender seducir a Camille. Y ahí está servido el malentendido: una Bardot decepcionada que empieza a creer a su marido tan falso como los decorados en cartón piedra de los estudios Cinecittá de Roma donde han iniciado una nueva versión de “La Odisea”. Y aunque Paul y Camille discuten hasta el infinito, no llegan casi a ninguna conclusión, sólo que a lo mejor, este dramaturgo como un moderno Ulises, no desea reencontrarse con su Penélope porque tal vez tiene otras ambiciones…o no. O quizás resulta que los problemas de comunicación, el orgullo herido y el posterior desprecio ciegan a cualquiera. O quién sabe…En cualquier caso cabe destacar la esplendorosa y siempre presente banda sonora a cargo de Georges Delerue.
Sobra decir que los films realizados por Godard en los últimos años sólo conforman coñazos insoportables con ínfulas pseudointelectuales. A pesar de todo me gusta seguirlo, no sea que entre coñazo y coñazo se le escape alguna nueva obra maestra.

domingo, 22 de mayo de 2011

¿Cuestión de suerte?




“La chica del puente”(1999) es una película de Patrice Leconte que de alguna manera continúa la línea de cine poético dentro de su filmografía, como ya hiciese con “El perfume de Yvonne” o “El marido de la peluquera”. Este film aborda sin duda alguna el azar o las casualidades, inserto todo ello en un marco onírico que se sirve de un tipo de fotografía en un depurado blanco y negro, y del uso de tomas atropelladas de una misma situación desde diferentes perspectivas, quizás para ensalzar el tono delirante de la cinta. Todo comienza cuando Adèle (Vanessa Paradis), una joven inestable y soñadora, decide suicidarse tirándose desde un puente. Ella se cree desafortunada porque nunca nada le ha salido bien, porque espera que suceda un cambio en su destino como por obra y gracia, metafóricamente hablando, de un simple conjuro mágico. Justo entonces aparecerá Gabor (Daniel Auteuil), un lanzador de cuchillos que busca a sus dianas en puentes y tejados, que va a la caza de mujeres que nada tienen que perder y que siempre le han acompañado en sus tretas y argucias de buscavidas alocado. Gabor, un hombre seguro, maduro, irónico, pero también solitario, intentará convencer a Adèle con curiosos trucos, de su desconocida e inexplorada fortuna. De nuevo Auteuil, uno de los más laureados y prolíficos actores franceses de la actualidad, representa al hombre interesante, el del atractivo casual, el resultón de yo-sólo-pasaba-por-aquí.



La tensión sexual entre los dos protagonistas se masca durante todo el metraje, especialmente con la recreación de orgasmos alegóricos cuando Gabor lleva a cabo sus lanzamientos de cuchillos. Pero el personaje de Daniel Auteuil sabe del carácter enamoradizo de Adèle, que constantemente cree haber hallado en cada hombre que le presta atención al “amor de su vida”. A pesar de todo, su vida nómada de artistas errantes dará para encuentros y desencuentros varios en esta atípica película que mezcla con bastante agilidad un ejemplo de drama singular y de cierto toque cómico. A tener muy en cuenta su memorable banda sonora, coronada principalmente por la canción de Marianne Faithfull “Who will take my dreams away”.

domingo, 8 de mayo de 2011

Maternal y sexual



En 1973, después del desencanto del Mayo del 68’ y de la resaca y sacudida creativa que supuso la Nouvelle Vague francesa, Jean Eustache filmó “La mamá y la puta”, película arriesgada donde las haya por su extrema duración -215 minutos- y por el constante debate a lo largo del metraje sobre temas como el amor y las relaciones hombre /mujer, centralizados en la figura de su protagonista, Alexandre -el Jean Pierre Léaud posterior a Antoine Doinel-.
El filme en sí supone una de las grandes perlas de la cinematografía gala y su director, afín al grupo de Cahiers du Cinema, tuvo una vida intensa y corta como su filmografía (se suicidó a los 43 años). El propio cineasta llegó a decir que sus películas eran tan autobiográficas como la ficción le permitía, así que resulta inevitable vincular al personaje principal de “La maman et la putain” con el mismo Eustache. La cinta está rodada en un blanco y negro tan desleído como atractivo, y cuenta la vida del citado Alexandre, un joven sin oficio reconocido ni actividad destacable que vive con su novia Marie, propietaria de una tienda de ropa. Su función principal consiste en buscarse a sí mismo mediante y/o a costa de las mujeres y en montarse una filosofía admirable con la que dice y pontifica todo y nada a la vez, a través de algunos de los diálogos más bellos a veces, e hirientes y certeros otras, que ha dado el cine.
Al comienzo de la historia, el rol de Léaud acudirá en busca de una amiga con la que desea casarse desesperadamente y que de forma inevitable le dará calabazas. Justo en su deambular posterior y sin rumbo, conocerá a una enfermera polaca, Veronike, quien vendría a representar a la “puta” a ojos de Alexandre por su promiscuidad declarada. A su vez, su pareja Marie, consentidora de sus demás escarceos, le espera en casa para prepararle la comida y proporcionarle la seguridad económica que necesita, especialmente para alternar en bares, el único sitio prácticamente en donde se siente capaz de leer.



Estos tres pilares que vertebran el filme –Marie, Alexandre y Veronike- terminarán por conformar un menage á trois doliente en lo que respecta a la primera, y despreocupado en cuanto a los dos últimos, sufrientes sólo a causa de su escepticismo y nihilismo. Escéptico es el personaje de Jean-Pierre Léaud, porque con ironía o devoción considera que el cine está para enseñar a vivir, o que los sastres a medida atribuyen naturalmente a la persona la elegancia consustancial del traje…y así podríamos seguir desgranando su incontrolable verborrea hasta el infinito. Sin embargo, sólo cuando Álex comprenda que la cuerda se tensa demasiado, dejará aflorar la pasión necesaria para llevar a cabo una elección, de esas que regalan algunos de los grandes finales de la Historia del Cine.

miércoles, 6 de abril de 2011

El salvaje Víctor d'Aveyron



En 1969 François Truffaut dirigió la historia auténtica de Víctor d’Aveyron, un niño salvaje hallado en unos bosques franceses en 1798 e inmediatamente enviado a París para ser estudiado. No por casualidad, advertimos que el film está dedicado a Jean-Pierre Léaud, alter ego del propio director, quien con pretensiones autobiográficas le hizo encarnar al mítico personaje Antoine Doinel en múltiples ocasiones: el adolescente rebelde que faltaba a clase para ir al cine, el ávido lector –en el caso de “Los cuatrocientos golpes” podemos apreciar la admiración de Doinel por Balzac -, el joven “asiduo” de los correccionales, el hombre que tuvo una ardua vida sentimental…Y de este modo no cabe duda, contemplando la filmografía de Truffaut, de su interés por la cultura y el pensamiento.
En “El pequeño salvaje” el propio cineasta interpreta a Jean Itard, el doctor de una institución infantil que comprendiendo el rechazo que Víctor provocaba entre sus compañeros, decide educarlo en su propia casa con la ayuda de su empleada, la señora Guérin. Pero los avances de d’Aveyron resultan lentos, quizás porque inicialmente Itard se preocupa en especial por impartirle a este “salvaje” –mudo y totalmente ignorante- unas enseñanzas más bien intelectuales. Sólo cuando comprenda que debe partir de la base de los conceptos morales más elementales y en consecuencia, del pensamiento lógico, logrará entenderse con Víctor.
Imagino que muy probablemente Truffaut pensó en la obra de Rousseau “Emile, o De la educación”, donde su autor contrasta las figuras del hombre asalvajado y el civilizado.
Cabe decir que desde el ejemplo de Víctor d'Aveyron, Jean Itard pasó a la Historia como un pionero de la educación especial.



A pesar de lo que pueda parecer para algunos, la película se convirtió en un éxito comercial, todo un logro sabiendo que cuenta con un formato documental. Y es que Truffaut se erigió ante todo como un genio instintivo e inteligente, que a pesar de lo que hubiese podido presagiar con su complicada infancia y juventud, dio lugar a una de las obras más complejas y atractivas de la Historia del Cine.



*Para ilustrar, sólo he podido encontrar un pequeño fragmento de la película, puesto que no existe ningún trailer accesible.

domingo, 6 de febrero de 2011

El amor en la indigencia



En 1988 se inició uno de los rodajes más controvertidos de la Historia del Cine europeo, el de “Los amantes del Pont-Neuf”(1991). La película contaba desde un principio con un director muy polémico y bastante temido por los bancos, el malogrado artísticamente Leos Carax. El film tardó casi tres años en concluirse y cayeron hasta tres productores diferentes ante la constante necesidad de ampliar el presupuesto, que requirió de la recreación en forma de decorado del mencionado Pont-Neuf en la localidad de Lansargues.
Los desastres no residieron sólo en lo económico –con constantes críticas de la prensa ante el desconcertante gasto de dinero público- sino también en los componentes del equipo, cuyas relaciones personales se dañaron enormemente como resultado de mantener a un gran número de personas expectantes y sin posibilidad de trabajar en otros proyectos mientras tuvo lugar la elaboración de la cinta.



Por otra parte, lo que nos cuenta “Los amantes del Pont-Neuf” no queda del todo claro en cuanto a que a veces es difícil averiguar si estamos ante una tragedia que se torna en un peculiar cuento de hadas o al revés. Probablemente se puede decir que se juega con estas dos constantes durante casi todo el metraje.

(Spoiler) En esta historia Carax nos habla primeramente de Hans y Alex, dos vagabundos que deciden instalarse en el mencionado puente parisino mientras duran las obras que lo mantienen cerrado y que pretenden reformar sus pilares. Ambos parecen haber vivido siempre en la calle, o quizás estar hechos para sobrevivir en una turbia libertad, la de dos hombres que roban para comer, se emborrachan con vino barato y duermen a base de unos somníferos que el viejo Hans –viudo y ex vigilante del Louvre- atesora en una desgastada caja de lata. Alex(Denis Lavant) por su parte, es un fracasado artista circense que descubrirá un nuevo mundo cuando Michelle(Juliette Binoche), una mujer con una enfermedad que la está dejando ciega, entre en ese hermético puente.

El personaje de Binoche, que ha terminado por elección en la calle tras un fracaso amoroso, se nos muestra como un ser sensible que pinta como una forma elegante de sobrellevar su dolor, que pierde torpemente los dibujos que se desprenden de su carpeta porque ya apenas puede distinguir vagas formas y colores... La única magia capaz de romper esta esfera sórdida la encontraremos en el amor que surgirá entre ambos, un amor que Alex le ofrecerá a su compañera con los rudos aunque sinceros afectos de un hombre asalvajado. Sólo cuando este último descubra que el padre de Michelle busca a su hija con urgencia, veremos el lado más oscuro, egoísta o desgarrado de este curioso amante (fin de spoiler).



En cualquier caso, me parece innegable que Carax logró rodar una película única y que basa su bella y singular estética en el áspero mundo de la indigencia.

viernes, 27 de agosto de 2010

El amor del aburrimiento




Conozco a una persona que en una ocasión me dijo que entre cada
relación o enamoramiento más o menos sólido, siempre se fijaba en alguien de una forma bastante banal por aquello de tener en quien pensar en momentos de estrés o desánimo. Probablemente éste sea el marco ideal para contextualizar la historia del protagonista de la tercera película de François Truffaut, “La piel suave”.
Pierre Lachenay es un escritor y conferenciante exitoso, casado y con una hija, que se sentirá atraído en uno de sus viajes por Europa por una azafata, Nicole – Françoise Dòrleac, la hermana de Catherine Deneuve fallecida prematuramente a los veinticinco años-. La historia entre ambos no resulta en ningún momento una pasión hirviente. Esto no es “Casablanca”. Tampoco “In the mood for love”…ni se pretende. Intuyo que Truffaut quiso mostrar que un relato aparentemente soso podía cobrar grandes dosis de profundidad e inducción a la reflexión en las manos adecuadas.
Pienso que lo innegable de este gran cineasta francés, es que hilvana con tal sabiduría y fluidez cada plano, cada secuencia con otra que nos da la impresión de ver toda la trama con nuestra propia mirada. Y he ahí su grandeza: nada chirría, todo es natural pero sorprendentemente elegante. Nada que ver, por ejemplo, con esos malabarismos de otro grande como Orson Welles, genial ególatra que siempre aspiraba al “no va más”, como ese plano-secuencia de “Sed de mal”, el más largo y alabado de la historia del cine.


Volviendo a “La piel suave”, cabría cuestionarse si este escritor con ínfulas de pensador sesudo no constituiría en realidad la excusa de Truffaut para regalarnos una fábula feminista: de dos formas diferentes Lacheney sufrirá el desprecio y humillación por parte de las dos mujeres, los otros vértices que cierran este triángulo. Y esto en Truffaut me encanta: ellas en sus películas no son floreros; pueden resultar encantadoras y tiernas o tener la mala leche y complejidad adecuadas cuando se hace oportuno. Indudablemente este gran cineasta no nos vende las milongas de un ñoño, engreído, desfasado y “marujil” Antonio Gala - ¿se nota que me cae mal?- que martiriza a la esposa de por vida cuando le pone la cornamenta a su cónyuge. Habría que mencionar que este film representa la tormenta después de la calma, a pesar de todo, en cuanto a intensidad dramática, ya que con su anterior película, “Jules et Jim”, el director nos regala un triángulo amoroso verdaderamente pasional y descarnado, muy sincero y nada acomplejado. Considero personalmente que no cabe discusión sobre la calidad de cualquier peli de este cineasta francés, admirador confeso de A. Hitchcock, aunque infinitamente más vehemente y menos reprimido.

viernes, 6 de agosto de 2010

Las lagunas de la democracia




“Entre les murs” (“La clase” en España) es una película dirigida por el laureado director francés Laurent Cantet – Palma de Oro en Cannes 2008- que combina con mucha fortuna lo narrativo con el género documental. Narra las vivencias peliagudas en un instituto supuestamente conflictivo de un distrito poco recomendable de París. La historia parte de la visión del profesor y tutor de uno de los cursos del centro con alumnos de entre 14 y 15 años. El actor que interpreta al personaje principal, el Sr. François Marin, es también el autor de la novela en que se basa el film, todo un inspirado François Bégaudeau.
Resulta curioso que nos intenten hacer creer que este liceo está poblado por alumnos demasiado bestias, cuando todos ellos se levantan enseguida al son de la entrada de otro profesor en la clase o cuando vemos que algunos de ellos acaban inmediatamente en el despacho del director por el simple hecho de tutear en un momento dado al Sr. Marin.



Los días en el centro transcurren con la exasperación de los educadores en ocasiones, y otras veces con las luchas con unos alumnos que muestran sin vergüenza su ignorancia y en la mayor parte de los casos, su escaso deseo de aprender – sin contar las disputas entre un alumnado multirracial-.
Marin enseña lengua, pero también da lecciones de ética: intenta que sus discentes olviden prejuicios, que se respeten y que se relacionen mediante el ejercicio de una serie de valores incuestionables.
Sin embargo en estas peleas diarias, Marin no conseguirá siempre mantener un ánimo templado, y llegará un día en que insulte en una discusión que lo tambaleará todo, a dos alumnas, tildándolas de “golfas”. Él mismo traicionará los valores que transmite y no sólo eso, también pondrá patas arriba su vida y la de un alumno africano, Souleymane, que tras la pelea se levantará en un arrebato para defender a sus compañeras golpeando sin intención a otra.


Esto conducirá a un consejo disciplinario enfocado a una posible expulsión, que sólo dará lugar a dos opciones:

1.Que Marin reconozca su culpa como origen de todo y salve a Souleymane de que su padre lo envíe de regreso a Mali.
2.Que Marin se calle y conserve su puesto el próximo curso pero no su buena conciencia.

El último día de clase y en su labor de tutor, François Marin preguntará a algunos de sus alumnos qué es lo más importante que han aprendido a lo largo del curso – la mayoría responderá con desgana para largarse del aula ante el inminente verano-. Sólo una chica de mirada triste, tímida y dubitativa se acercará al tutor para decirle que no ha aprendido nada –ante el estupor de Marin- y que no quiere seguir estudiando. Ése será el interrogante final que aluda a un sistema educativo herido de muerte, quién sabe si por las erráticas leyes educativas, por los problemas acontecidos o por la influencia de una sociedad que ya no valora la educación como un valor en sí mismo.

sábado, 10 de julio de 2010

Cartelera y DVD: las perlas más redondas

He aquí dos películas que podríamos ver tranquilamente este fin de semana sin sentirnos estafados a la salida del Cine. Se trata de "Gainsbourg. Vida de un héroe" y "Villa Amalia". Sin embargo, si vivimos en un lugar en donde estrenos como estos se posponen porque el público prefiere cositas más light, siempre nos quedará el DVD. Para ello propondría ver o revisar una rareza y/u obra maestra de Alain Resnais: "El año pasado en Marienbad".

La historia de Gainsbourg tiene más sustancia de lo que podría parecer a simple vista, y más para quienes lo recuerden sólo o especialmente por su tema "Je t'aime moi non plus". En su juventud fue amigo de Boris Vian y aprendió piano y pintura gracias a su padre. Su unión personal y artística con la más afrancesada de las inglesas, Jane Birkin, le inspiró también canciones míticas como "La décadanse". Pero su vida no fue obviamente un lecho de rosas, porque de lo contrario no tendría mucho interés desde el punto de vista cinematográfico: "Me alegro de que pudiera disfrutar de la admiración de la gente antes de morir.(...)Se sabía muy querido y, para alguien que se quería tan poco como él, eso era muy importante" Jane Birkin dixit en el Harper's Bazaar de este mes. Sobre "Villa Amalia" sólo me resta comentar que cualquier película interpretada por Isabelle Huppert me llama la atención independientemente de lo demás, ya que esta actriz es una experta en encarnar con una elegancia superlativa a personajes enfermizos,neuróticos o atormentados. Qué sería del cine europeo sin ella...!(De hecho tengo la teoría de que la Huppert es un género en sí misma). Y para DVD nada mejor que recomendar "El año pasado en Marienbad" de Alain Resnais, el insigne director de "Hiroshima mon amour". No existe ninguna película igual de bizarra, ni encontraremos nunca un clásico tan moderno. Visualmente resulta una explosión barroca pero con buen gusto, y a nivel de contenido - se han escrito tantas teorías...- podríamos hablar de la descripción de un mundo onírico que juega con el subconsciente de su protagonista haciéndole confundir la realidad de un pasado amor, con unos personajes que muestran el carácter inerte de las estatuas del jardín del hotel que habitan.

viernes, 9 de julio de 2010

Cine negro made in France




Ver “Un prophéte” me ha confirmado que mi pasión por el anterior film de su director Jacques Audiard, “De latir mi corazón se ha parado”, estaba más que justificada. Nunca entendí el inmerecido ataque de crítica y público a una película tan brillante como la penúltima de este realizador, estrenada en 2005.

Audiard retoma en “Un profeta”(2009) sus misteriosos ingredientes para elaborar una peli de culto, esto es, las formas clásicas y tradicionales del séptimo arte que, sazonadas con su inquietante personalidad y con su debido tiempo de cocción, dan como fruto una cinta moderna y transgresora. Esta obra que se hizo con el Gran Premio del Jurado del Festival de Cannes 2009, narra la historia de Malik El Djebema, un joven magrebí que ingresa en prisión para cumplir una condena de seis años. Lo peligroso o mágico, por la posibilidad del espectador de empatizar con el protagonista, reside en el hecho de que la "candidez" con la que El Djebema entra en la cárcel queda casi intacta hasta su salida, y eso a pesar de verse forzado a ejecutar todo tipo de atrocidades y carnicerías bajo la amenaza del jefe de la mafia corsa en el centro, César Luciani, interpretado por ese gran actor que representa Niels Arestrup y que dada su andadura, parece poder permitirse el lujo de no tener que demostrar nada a nadie.




(Spoiler)
Malik inicia el cumplimiento de su pena con diecinueve años, es analfabeto y carece de familia que lo apoye en el exterior, y quizás por esto la prisión le servirá para afianzar su personalidad y carácter y sobreponerse, por ejemplo, a su primera “misión”: degollar a un enemigo que de forma inesperada se convertirá, tras su muerte, en su compañía, ángel de la guarda y revelador de acontecimientos aún no sucedidos -lo que conducirá a que un grupo de compañeros musulmanes lo ensalcen como a “un profeta” ante sus incomprensibles visiones-. Si bien desde el inicio El Djebema se verá abocado a seguir los dictados de la banda corsa, terminará posteriormente tomando sus propias decisiones y sirviendo también al grupo musulmán, porque esta cárcel que el propio Audiard reconoce haber edificado sólo para su película, reproduce en sus esquemas y jerarquías los más bajos y desafiantes estratos de la sociedad parisina, que pasa también por la inmigración, o mejor dicho, por su menos recomendable representación.



Sobra decir que los personajes de este director suelen mostrarse siempre como individuos difíciles y violentos que a través de diversos tipos de catarsis indistintamente trágicas se redimen de una vida anterior oscura, que se manifiesta también en la plasticidad de la fotografía, nunca fría, pero sí al menos evidenciadora de un carácter tenue y a veces difuso, que alude a la incertidumbre o esperanza a medio gas de sus más señalados roles.

Pero la adscripción de Audiard al cine negro es relativa, quizás porque no ha buscado crear un filme totalmente de género. Por eso los retratos psicológicos de sus principales estandartes, Malik El Djebema – quien a pesar de todo, sabrá distinguir entre el bien y el mal- y César Luciani, muestran un gran relieve y dan lugar a pensar que “Un profeta” no es una cinta nada barata metafóricamente hablando y que sin moralinas, quiere contarnos que el joven protagonista no habría acabado con cierto estatus de no haber pasado seis duros años –aunque nada aburridos- de complicada condena al servicio de diversas bandas, mafias o matones de toda índole.

Como la anterior, “De battre mon coeur s’est arreté”, requiere un segundo visionado, y precisamente por eso, y para conservarla como una historia de grandísima calidad, la tendremos a partir de Junio en DVD.

"El odio" cumple quince años




Para empezar , me gustaría destacar que si no fuese por este memorable film, hoy el gran público recordaría a Mathieu Kassovitz - director de "El odio"(1995)- como al pardillo ,aunque pretendidamente singular, novio de Amélie. Si nos ponemos en plan frívolo, esta peli bien podría resultar algo parecido a aquel prototipo de chiste rancio que empezaba con "Érase una vez un francés, un italiano y un español y...".Pero no , en este caso "La haine" nos propone una historia de hondo calado social protagonizada por un judío, un árabe y un joven de raza negra cuyo metraje recrea las veinticuatro horas posteriores a una oleada de disturbios que han culminado con un chico gravemente herido ,que se debate entre la vida y la muerte en un hospital ,tras una paliza recibida por la policía. Los caballeros andantes descafeinados y vencidos que vertebran la trama viven en los suburbios de París : Vinz, Saïd y Hubert. El primero ha logrado robar un revólver a la policía, con el que ha prometido vengar la muerte de su amigo si éste finalmente muere. El nihilismo, el no futuro, la vida en una cité marginal, la falta de inquietudes y la convivencia con unas familias todavía más hastiadas que ellos mismos les empujan, quizás sin ellos saberlo, a una existencia basada en el odio contra todo. Aunque los tres amigos son una piña, las relaciones con el resto se antojan difíciles, muy probablemente porque ninguno de ellos ha conseguido la integración suficiente como para entender que el mundo se fundamenta en un sinfín de normas de socialización y algo parecido al respeto , lo que sin duda alguna les impide, por ejemplo, ligar con un par de jóvenes en la inauguración de una exposición de arte contemporáneo - incomprensible a todas luces para ellos- y a la que no han sido invitados.





Es curioso el paralelismo e intencionado guiño de Kassovitz - galardonado por este film en Cannes como mejor director- a la película de Scorsese "Taxi Driver" : ambos - de Niro y Cassel- en una espiral de paranoia o aburrimiento se enzarzan consigo mismos frente a un espejo con un imaginario enemigo a quien pretenden disparar .
Los noventa y cinco minutos de película se devoran para conseguir sin embargo un final algo predecible , pero no por falta de recursos del guión, sino porque haciendo honor a la cruda realidad que en todo momento retrata "El odio", la sociedad es en la superficie -y en el fondo- tan políticamente correcta y asqueante, que no puede hacer concesiones a tres seres aparentemente indeseables que quizás hubiesen conseguido la "salvación" con un soplo de esperanza y una mano tendida para encarar el futuro con ojos nuevos.

Renoir, mi deuda contigo es impagable




Ante una película de esta talla ,una no sabe por dónde comenzar... o quizás sí,quizás debiera comenzar dándole las gracias a ese hombre que fue Jean Renoir y cuyos films son un vivo ejemplo del tipo de cine del que me alimento.

"Una partida de campo" - como siempre, qué mala traducción al castellano- ,encarna ese tipo de obras que versan sobre un amor platónico que podría desembocar en amour fou, y que se queda desgraciadamente y por cobardía , en la clásica historia de tensión-sexual-no-resuelta.(Véase si no , esa desgarradora fábula de erotismo susurrado que fue "In the mood for love").

"Une partie de campagne " está basada en un cuento de Guy de Maupassant y narra el día de una familia parisina que decide pasar una jornada campestre cerca de un pequeño restaurante.Allí, padre ,madre,abuela y encantadora hija tardoadolescente conocerán a dos singulares personajes (uno ,un vividor y todo un dios del sexo según se deduce de los diálogos , y el otro ,un joven más comedido y sensato ,aunque bastante pasional según se revela en la cinta) .

El final , queridos, me produjo una honda tristeza sólo comparable a la de la última secuencia de "Tabú" de Murnau.
Por cierto...no véis a Fragonard en la escena del columpio? No os vienen a la mente Courbet , Corot y papá August en las escenas de paisaje?

Indudablemente, digerir esta película me llevará unos días...