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lunes, 9 de febrero de 2015

Salvaje


A veces un viaje en solitario y a pecho descubierto contra los elementos de la naturaleza supone, más que cualquier otra cosa, una travesía personal para acallar y reconciliarse con el monstruo interior.

En “Alma salvaje” (Jean-Marc Vallée, 2014) Cheryl Stayed es una mujer singular que decide buscarse a sí misma durante el camino a pie de los 1600 kilómetros sobre los que se extiende el sendero de las Cimas del Pacífico en Estados Unidos.

Cheryl (ojo al interesante personaje que Reese Witherspooon se ha empeñado en sacar adelante) comienza llevando en su deambular una monumental mochila, metáfora inevitable de sus fantasmas, de los que deberá soltar lastre para seguir adelante.

Además de la historia en sí, otro de los puntos que me ha interesado de esta película reside en el fuerte vínculo que para mí tiene con una lectura que hice el año pasado de Clarissa Pinkola Estés. En definitiva, altamente recomendables, tanto el libro como la peli :)



sábado, 7 de junio de 2014

Un lugar en el mundo


‘A propósito de Llewyn Davis’ y ‘Oh boy’ cuentan ambas, con pulsos y estilos muy diferentes, la historia de un joven que busca su sitio en el mundo infructuosamente. La primera de ellas tiene un estilo bellamente depurado y en la segunda encontramos el retrato de un Berlín tintineante y moderno a ritmo de jazz.

Por su parte Llewyn Davis desea ser cantante de folk, aunque en su camino se tope a un nutrido grupo de otros tantos como él. Hay quien dice que este filme recuerda a cierta biografía de Bob Dylan, y a pesar de que su final no resulta apabullantemente feliz como el de algunos músicos –tal es el caso de ‘Searching for Sugar Man’, por ejemplo- estamos, no cabe duda, ante el relato existencial de quien persigue un sueño y no ceja en su empeño, contado todo con una impecable estética y sencillez extremas que aluden a la madurez de los hermanos Coen, los directores.

Al contrario que Llewyn Davis que hace parada en casas de amigos y que lleva una maltrecha existencia, el protagonista de ‘Oh boy’ vive sin pesar alguno a costa de su padre, a quien engaña haciéndole creer que está estudiando.
Niko, el personaje principal, da tumbos por la ciudad perdiéndose para encontrarse. Más cómica en general que la anterior, ‘Oh boy’ se va tiñendo de pesimismo a medida que avanza.



Interesantes teniendo en cuenta el panorama de nuestras carteleras, creo que los dos son films que no deberíamos perdernos…o que al menos a mí me han encantado.

lunes, 17 de febrero de 2014

'Nebraska': salud, dinero y amor


Vaya por delante que ‘ Nebraska’ (Alexander Payne, 2013) me ha parecido una de las películas más bellas que he visto últimamente, además de una de las más conmovedoras y dignas. Y es que cuando por la enfermedad en ciernes en forma de demencia se invierten los papeles en el amoroso y responsable vínculo paternofilial, surgen historias como ésta.

Woody Grant, el protagonista, acaba de recibir una carta-patraña que asegura a su destinatario ser el ganador de un premio millonario. Todo su entorno le advierte del timo, pero él se empeña en viajar de Montana a Nebraska para cobrarlo, viaje que finalmente emprenderá con su paciente hijo David.

Y he aquí la simiente de un relato que nos habla del amor entre padres e hijos en la edad adulta y que a su vez sirve para construir una fábula sobre los sucios intereses creados cuando hay dinero de por medio, aunque sin saberlo los demás éste resulte más falso que los billetes del Monopoly.

‘Nebraska’ conforma también una delicia por su fotografía íntima y lírica en blanco y negro en lo que respecta al modo de captar los paisajes. Brillan igualmente las hermosas composiciones de los planos.

Estamos ante un filme bastante artístico, templado en su tempo y capaz de retratar los matices más delicados de la vida con sus alegrías y sus penas. En definitiva, una maravilla que no hay que dejar de ver.

domingo, 6 de octubre de 2013

Aquí está Joaquin Phoenix


El actor River Phoenix (“Stand by me”, “La costa de los mosquitos” o la singular “Mi Idaho privado”) murió una noche de octubre de 1993 por una sobredosis de un-poco-de-todo. Así el posterior advenimiento de su hermano al plano artístico (los dos han usado el mismo apellido que en realidad no les pertenece) podría haberse quedado en la incursión del hermano de, el que se suma a un camino ya trazado. Criados ambos en el seno de una familia hippy y nómada, vivieron durante un tiempo en Puerto Rico, donde nació Joaquin, de ahí la elección de su nombre latino.

A día de hoy este último ha dado buena cuenta de sus cualidades dramáticas, convirtiéndose en uno de los mejores actores de su generación. Tal vez por eso resulta subyugante el duelo interpretativo que libraron él y Philip Seymour Hoffman en la reciente “The master” (2012) de Paul Thomas Anderson.
Pero previamente, en 2010 y en compañía de su cuñado y también realizador Casey Affleck, emprendió otra vuelta de tuerca a su trayectoria rodando el (falso) documental “I’m still here” (spoiler). En él se interpretó a sí mismo y durante meses orquestó junto al equipo de la película y ante los medios de comunicación, una disparatada versión de su persona: Joaquin Phoenix se nos presentaba como un hombre en un drástico proceso de cambio que manifestaba allá por dónde iba que dejaba el cine para iniciar una carrera como penoso cantante de rap (ojo al programa de David Letterman). Su reputación a lo largo de aquel año se despeñaba y él se convertía en objeto de burla.

Pocos días más tarde del estreno de “I’m still here” el director desveló la farsa a través de la prensa.



Se trata por lo tanto de un film que habla de la idiotez y volatilidad que conllevan la fama y la condición de celebrity. Un film que en algunos momentos se antoja necesariamente grotesco y desconcertante y que una vez más entraña un soberbio y valiente trabajo, incluso a nivel físico, por parte de Phoenix. Una labor de larga duración y confección,  en ocasiones sin ensayos, como sus apariciones públicas, que subraya su saber hacer. Tanto que aún hoy hay quien duda que sea falso. Aunque quizás nunca sabremos qué grado de impostura guarda para sí cada estrella del celuloide.


1.  En el programa de David Letterman, incluido en el documental.



1.     2.  Con D. Letterman, después del documental.


domingo, 15 de septiembre de 2013

Los malos tiempos según John Ford


No hace falta que seamos expertos en cine fordiano para contemplar cómo ‘Las uvas de la ira’ (1940), basada en la novela de John Steinbeck, puede remitirnos al momento histórico y socioeconómico actual, aunque en su origen apuntase a la gran depresión estadounidense del siglo pasado.
A través del uso de espectaculares planos y elocuentes encuadres, Ford nos narra la experiencia de Tom Joad, un joven Henry Fonda que acaba de salir de la cárcel y se topa en su vuelta a casa con una tierra yerma y desolada que otrora ocupara la granja de sus padres. Lo mismo ocurre en el resto de la comarca: las malas cosechas y la avaricia de los bancos han arrasado con todo. La nueva tierra prometida de Tom y su familia se sitúa ahora en California, de igual manera que la nuestra podría hallarse, en ciertos casos, en otros países europeos. De este modo y por cercanía a sus porqués y formas de proceder, ‘Las uvas de la ira’ guarda una inevitable complicidad con los tiempos presentes.

Así los Joad buscan incesantemente a lo largo del metraje un empleo. Pero uno de verdad, uno con el que poder mantenerse, con el que llenar el estómago y la dignidad, uno mediante el que volver a confiar en los capataces, tal y como hoy en día se hace necesario reedificar la confianza en las instituciones o los poderes públicos.







Y en este film la sensatez la encarna especialmente la madre del  protagonista, ésa que mira, calla y analiza; la matriarca plena de sabiduría que mantiene unido al clan en su itinerante y desesperante rastreo, la que lanza al final un parlamento sólo digno de un personaje honesto y lúcido como el suyo: “Nunca más volveré a tener miedo. Lo tuve. Durante un tiempo pensé que estábamos vencidos. Parecía que no teníamos nada en el mundo más que enemigos. Como si ya nadie fuera amable. Me sentí mal y asustada. Como si estuviéramos perdidos y a nadie le importara (…). Los ricos llegan y mueren, y sus hijos no saben qué hacer y se extinguen. Pero nosotros seguiremos llegando. Somos la gente que vive. No pueden derrotarnos. Duraremos siempre porque somos el pueblo”.


Queda la certeza, eso sí, de que la gran depresión en EE.UU. tuvo un inicio y un fin. Y también queda la certeza de que John Ford, el autor de las míticas ‘El hombre tranquilo’ o ‘Centauros del desierto’, como todo gran cineasta, realizó películas universales y atemporales.

domingo, 1 de septiembre de 2013

'Bestias del sur salvaje'

Cerca del sur del planeta está la isla de La Bañera, un lugar feliz y libre de necesidades materiales donde se come lo que se pesca. Un sitio en el que resulta curiosa la idea de que un poco más allá, los demás compramos comida ‘envuelta en plástico’. Entre sus habitantes se encuentran Hushpuppy y su padre, que trata de imprimir una férrea fortaleza y autonomía en su hija.

Pocos intuirían por su gran capacidad de concebir un universo tan particular y original que ésta es la primera película de Benh Zeitlin, basada en su anterior cortometraje, ‘Glory at sea’. ‘Bestias del sur salvaje’ se rodó en Luisiana partiendo de una fábula mitológica de esa región.




Quvenzhané Wallis interpreta a la protagonista, una niña con un carácter tan asilvestrado como su pelo y que reflexiona y trepa ágilmente por los árboles. Además tiene prohibido llorar y devora cangrejos ‘¡a lo bruto¡’ por orden paterna.
La única condición para sobrevivir a La Bañera tras las inundaciones reside en saber hacer frente a las bestias –los uros-, de la misma manera que hay que enfrentar a las bestias interiores.

En realidad la actriz –de sólo cinco años de edad en el momento del rodaje- parece tan sensible y ‘achuchable’ como su personaje, tal vez por eso reconoce que su actividad favorita consiste en ‘recoger flores’.
La cinta fue presentada en el Festival de Sundance y a pesar de contar con actores noveles en su reparto principal, se ha convertido en una de las grandes sorpresas del año. Una de esas sorpresas que viene a sugerir que el agotamiento de las buenas historias en el cine no era tan extremo como creíamos.


miércoles, 22 de mayo de 2013

El sueño del hombre de azúcar


Igual que ‘Searching for Sugar Man’ (2012) cuenta la historia de un milagro, también es casi un milagro que se haya filmado en un momento histórico y globalizado como el actual, justo ahora que la política económica neoliberal está trasladándose a buena parte del mundo con sus ideas de ganadores y perdedores. De reflexionar sobre esta fiebre se encargó hace años, dicho sea de paso, el suizo Alain de Botton en ‘Status Anxiety’. Pero volvamos al documental que nos ocupa, que aborda la humildad y la sabiduría con la que puede asumirse el triunfo.

En los años 70 y durante el apartheid en Sudáfrica alguien llevó, procedente de EE.UU., un disco de un tal Rodríguez. Su música se erigió en símbolo de rebeldía, en himno, en mito y en record de ventas. Todo el mundo allí quería saber de esta superestrella: ¿quién era Rodríguez? ¿Tenía veracidad la leyenda de su suicidio? ¿Por qué nadie más lo conocía? ¿Dónde había acabado?
Mientras, al otro lado del mundo, en Detroit, hacía tiempo que las discográficas se habían frotado las manos a la espera del éxito del carismático (Sixto) Rodríguez. Un éxito que no vieron.

‘Searching for Sugar Man’ (Malik Bendjelloul) ganó el último Oscar al mejor documental y merecidamente, porque emociona y mucho…Sobre todo porque pocas veces surgen relatos de vida tan inspiradores. La cinta resulta visualmente muy creativa y poderosa y mantiene la expectación en la narración de la búsqueda del cantante hasta el final, cuando la realidad de su figura misteriosa y casi mesiánica termina por revelarse.

Nadie que lo haya visto va a olvidar lo que ocurrió con Sixto Rodríguez, como tampoco querremos olvidar su prodigiosa y confortable voz una vez que escuchemos ‘I wonder’.




Este documento musical nos muestra cómo el verdadero éxito reside en la pasión con la que se hace algo y en la satisfacción que de ahí se deriva, único motor y pasaporte para perseguir un sueño más allá de lo estrictamente económico. Toda una lección.

viernes, 26 de abril de 2013

Katharine Hepburn es 'Historias de Filadelfia'


‘¡Eh, pelirroja¡’ dice continuamente Dexter –Cary Grant- a su joven exmujer, Tracy –K. Hepburn- en un tono cómplice.
La pelirroja lleva pantalones en una época en la que la falda resulta lo más 'apropiado' para las mujeres. La pelirroja necesita hallarse a sí misma para encontrar la felicidad. La pelirroja debe sublimar su rebeldía porque ‘mira a un hombre como un toro a punto de embestir’ (*). La pelirroja es Katharine Hepburn y ésta es a su vez Tracy Samantha Lord, y Lord es ‘Historias de Filadelfia’.
No por casualidad el origen de esta comedia tiene forma de obra de teatro: la producción se sufragó en parte con dinero de la actriz y su autor, Philip Barry, la escribió pensando en ella.
George Cukor se encargó de llevarla a la gran pantalla y de convertirla en una de las más excelsas comedias de enredo, aunque este término esté hoy muy devaluado.

La trama comienza cuando Dexter, exmarido de Tracy, hace un pacto con el periódico amarillista ‘Spy’. Ellos tienen unas fotografías comprometedoras del padre de la protagonista con una bailarina y el personaje de Cary Grant se presta a cambio a facilitarles un reportaje de la nueva boda de su exmujer, muy reacia a este tipo de cotilleos. Así el rol de Grant acude, tras dos años de ausencia, a la casa familiar de los señores Lord con dos periodistas –uno de ellos James Stewart- que se hacen pasar por amigos de la familia.
Los equívocos están servidos y también los reajustes de las situaciones que necesitan encontrar su verdadero lugar.

Se trata de un ejemplo de las historias mínimas y sin embargo interesantes de la clase alta estadounidense. Un acercamiento, una invasión a la vida doméstica de quien pudiendo convertirse en carne de cañón de los tabloides sensacionalistas no lo desea así. Y quizá durante casi dos horas los espectadores nos transformamos en los lectores potenciales de esa prensa rosa. Una prensa rosa en este caso deliciosa y con algunas de las más inolvidables, soberbias y divertidas escenas de la Historia del Cine.



(*) El padre de Katharine Hepburn solía decir a sus hijas: ‘Todas vosotras, chicas de Nueva Inglaterra, miráis a un hombre como un toro a punto de embestir. Sois muy sinceras y abiertas, pero creo que espantáis a los chicos’.

miércoles, 30 de enero de 2013

Grandes dramas sin importancia


Aunque a priori “El lado bueno de las cosas” (“Silver Linings Playbook”, David O. Russell) huele a la clásica película simplona y de final fácilmente gratificante, no me cabe duda después de visionarla de que es mucho más que eso.
Pat (Bradley Cooper) acaba de salir de una institución psiquiátrica tras ocho meses de internamiento por agredir al amante de su mujer, a quienes pilló in fraganti. Sin embargo, el rol de Cooper enseguida resulta entrañable aunque alocado, sí, por su empeño en recuperar a su pareja a pesar de todo, pero también se antoja adorable por la torpeza y el carácter incongruente del que hace gala y por su inocente actitud positiva típica de libro de autoayuda.

Tal vez este film bascula desde lo universal a lo particular en cuanto al concepto de crisis se trata, tomando como referencia en este caso una pérdida amorosa, ésa que el protagonista, en una especie de fase de negación, se resiste a aceptar…hasta que traba amistad con Tiffany (una espléndida Jennifer Lawrence).

Ambos personajes encarnan la inestabilidad, la marginalidad y el dolor pero envueltos en un halo de humor y dulzura y en un ambiente (la familia de Pat) en constante ebullición. Una efervescencia que provoca a ratos la risa y la agitación en el espectador, quedando reforzada esta última por los potentes movimientos de cámara.

“El lado bueno de las cosas” juega a la alternancia de la tensión dramática y cómica continuamente hasta llegar a un final predecible pero agradecido. Me hubiese gustado verla en versión original, sobre todo por la actuación de Jennifer Lawrence, pero otra vez será.

jueves, 11 de octubre de 2012

La arrogancia honesta


“Aprender a pintar como los genios del Renacimiento me llevó algunos años. Aprender a pintar como un niño me llevó toda la vida”. Creo que esta cita de Pablo Picasso tiene, entre otras cosas, bastante que ver con el argumento de “El manantial”(1949). Se trata sin duda de una película clásica de King Vidor, la siguiente a otra de sus obras maestras, “Duelo al sol”. Además de los evidentes valores que supuso para el lenguaje cinematográfico también nos narra las dificultades existenciales y la perseverancia de su protagonista, Howard Roark (Gary Cooper), por mantenerse fiel en su labor de arquitecto a sus principios estéticos vanguardistas, diametralmente opuestos a los que operaban en la época. De un modo bastante cínico los constructores arguyen, en alusión a la aportación de la innovación arquitectónica, que es el individuo el que debe someterse a la colectividad y a la Humanidad con el objetivo de darles lo que quieren y lograr de ese modo su satisfacción –obviamente por mantener al pueblo adocenado ante lo ya conocido… Plena actualidad-.

Pero la insistencia le traerá a este personaje principal su recompensa y en ello tendrá algo que ver Dominique Francon (Patricia Neal), la bella hija de un ricachón -entendida, sensible y decepcionada- que colabora como crítica de arte en el sensacionalista diario “The Banner”. Cuando ella aparece por primera vez ante Howard Roark, que entonces trabajaba como peón de obra para subsistir, se nos presenta en una altura superior, recurso que sin duda confiere grandeza a su figura; (SPOILER) mientras que al final será él, transformado en un arquitecto insigne, quien cierre el film encuadrado en un elocuente contrapicado (SPOILER).


Basado en una novela y guión de Ayn Rand, el film muestra muchos planos de edificios que se asemejan bastante a obras de Frank Lloyd Wright -La casa Robie o el Museo Guggenheim de Nueva York, por ejemplo-, el gran arquitecto estadounidense del siglo XX. No se trata de una casualidad, sino de un acercamiento formal puesto que Wright se había negado a colaborar a este respecto en la cinta.



Lo destacado del filme a nivel de contenido, reside a mi juicio, en la defensa de la impronta original del artista y en su propia e inviolable dignidad, características muy necesarias aún en un mundo que a veces abusa de revivals o “versiones de”. Además, tal y como proclama el protagonista “el creador se mantiene firme en sus convicciones y el parásito sigue las opiniones de los demás”.


domingo, 1 de abril de 2012

La pasión cinéfila de Scorsese


“La invención de Hugo”(2011) de Martin Scorsese -cuyo título original es simplemente “Hugo”- me pareció hace semanas una de las películas más emocionantes que he visto últimamente.
Muchos han objetado a su director haberse traicionado a sí mismo por diferir de la línea de contenido que habitualmente muestran sus obras (“Taxi driver”, “Goodfellas”, “Toro salvaje”, ect.). Pero lo curioso reside en que esta cinta basada en un cuento de Brian Selznick, llevaba tiempo rondando la mente de Scorsese, y éste a su vez se ha servido del citado texto para ahondar en su amor por el cine...¿Quién no recuerda esas ocasiones irrepetibles en las que hemos accedido a determinados clásicos por primera vez con la estupefacción y la sorpresa de una mirada infantil?

(SPOILER). El film relata la historia de un niño (Asa Butterfield) huérfano y solitario que, decidido a no terminar con sus huesos en un orfanato, continúa la labor de relojero de su fallecido padre (Jude Law) en una estación de tren de París, ocultándose, engañando y robando para poder subsistir, pero sobre todo alimentando sus pasiones y esperanzas mediante la invención de objetos mecánicos plasmados en su inseparable cuaderno. Allí conocerá fundamentalmente a dos personas: el dueño de una juguetería en la que comete diversos hurtos, y a otra niña, quizás tan o más inquieta y excéntrica que él. Pero Hugo, en el intento de arreglar un autómata -único legado del personaje de Law- caminará en el devenir de su destino hasta su propio descubrimiento del cine (FIN DE SPOILER).


Así, lo que en esencia nos narra esta película, es cómo Hugo, mediante el empeño en desarrollar aquello para lo que ha sido llamado y mediante la propia búsqueda de sí mismo, logra encontrar el lugar que por justicia le corresponde en el mundo…a él, y a una de las personas que más admira.
A pesar de todo que nadie se lleve a engaño con “La invención de Hugo”, porque creo que no se trata de un film infantil si deseamos comprenderlo en toda su dimensión.


jueves, 16 de junio de 2011

Esos veranos eternos



En 1986, Rob Reiner, realizador que por lo general no es santo de mi devoción, dirigió “Cuenta conmigo”(“Stand by me”). Este filme podría ejemplificar perfectamente un hecho que a menudo sucede con libros como “El principito”: vistos en la infancia se entienden de un modo inocente y sin trascendencia y en la edad adulta cobran un significado mucho más amplio. No sé si movidos por la nostalgia o por el sentimiento de pertenencia a unos años concretos, esta película se ha convertido para muchos en un film bastante digno e interesante para revisar de vez en cuando. Basada en una novela de Stephen King, “Stand by me” cuenta la historia de cuatro adolescentes de doce años que viven en un minúsculo pueblo de Oregón, Castlerock. Todo parece aburrido en el verano de 1959 hasta que este pequeño grupo decide ausentarse un par de días de sus casas para buscar el cadáver de un chico que lleva desaparecido una semana. Pero quizás este argumento pretende ensalzar más que otra cosa la amistad sincera de la infancia, probablemente la más auténtica. El líder indiscutible es Chris Chambers (River Phoenix), un joven maduro, inteligente y con un gran sentido de la justicia, pero condenado directamente al ostracismo por tener un padre alcohólico; el gordito Vern rebosa ingenuidad; Teddy Duchamp es el hijo de un francés demasiado afectado tras haber batallado en la playa de Normandía, motivo éste que le ha llevado a vivir en un manicomio; y Gordie Lachance (uña y carne con Chambers y narrador de estas correrías desde su madurez) representa al bicho raro, creativo autor de cuentos que deleitan a sus compañeros y sufrido hijo de unos padres demasiado ausentes desde la muerte de su hermano mayor. Ninguno se salva, todos viven en familias demasiado quemadas, todos aspiran a huir algún día de su pueblo.



(Spoiler)
Pero hasta el inevitable y trágico hallazgo final, la pandilla entera se retrata en sus conversaciones: Teddy y Vern discuten sobre quién ganaría en una pelea entre Superman y Súper Ratón…y a todas luces ganaría Superman porque “Superman es un tío cachas y Súper Ratón un dibujo animado!!!”; mientras tanto, Gordie y Chris, desde una óptica más realista y doliente, lloran hombro a hombro su incierto futuro y se juran una lealtad casi eterna. Duermen a la intemperie y fuman los cigarros que roban a sus padres…Lógicamente la escapada llega a su fin, y las vidas de cada uno de ellos parecen desligarse con el paso del tiempo. Sólo Gordie Lachance volverá a hacer renacer la historia en forma de novela cuando con el largo pasar de los años lea en un periódico la noticia de la absurda muerte de su gran amigo.
Más adelante Rob Reiner regresaría a la palestra con la edulcorada “Cuando Harry encontró a Sally”, y el malogrado River Phoenix –Chris Chambers- emprendería una meteórica y breve carrera que llegó a su punto álgido con “Mi Idaho privado”. Después, un largo silencio que aún dura, ya que Hollywood se encargaría de borrar la memoria de uno de sus prodigios, quizás por una muerte poco glamurosa. Por falsedad que no sea…