“La invención de Hugo”(2011) de Martin Scorsese -cuyo título original es simplemente “Hugo”- me pareció hace semanas una de las películas más emocionantes que he visto últimamente.
Muchos han objetado a su director haberse traicionado a sí mismo por diferir de la línea de contenido que habitualmente muestran sus obras (“Taxi driver”, “Goodfellas”, “Toro salvaje”, ect.). Pero lo curioso reside en que esta cinta basada en un cuento de Brian Selznick, llevaba tiempo rondando la mente de Scorsese, y éste a su vez se ha servido del citado texto para ahondar en su amor por el cine...¿Quién no recuerda esas ocasiones irrepetibles en las que hemos accedido a determinados clásicos por primera vez con la estupefacción y la sorpresa de una mirada infantil?
(SPOILER). El film relata la historia de un niño (Asa Butterfield) huérfano y solitario que, decidido a no terminar con sus huesos en un orfanato, continúa la labor de relojero de su fallecido padre (Jude Law) en una estación de tren de París, ocultándose, engañando y robando para poder subsistir, pero sobre todo alimentando sus pasiones y esperanzas mediante la invención de objetos mecánicos plasmados en su inseparable cuaderno. Allí conocerá fundamentalmente a dos personas: el dueño de una juguetería en la que comete diversos hurtos, y a otra niña, quizás tan o más inquieta y excéntrica que él. Pero Hugo, en el intento de arreglar un autómata -único legado del personaje de Law- caminará en el devenir de su destino hasta su propio descubrimiento del cine (FIN DE SPOILER).
Así, lo que en esencia nos narra esta película, es cómo Hugo, mediante el empeño en desarrollar aquello para lo que ha sido llamado y mediante la propia búsqueda de sí mismo, logra encontrar el lugar que por justicia le corresponde en el mundo…a él, y a una de las personas que más admira.
A pesar de todo que nadie se lleve a engaño con “La invención de Hugo”, porque creo que no se trata de un film infantil si deseamos comprenderlo en toda su dimensión.

