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lunes, 4 de marzo de 2013

Una vida normal

Cuando Bernardo Bertolucci llegó al mundo del cine en su país, éste estaba copado casi en exclusiva por nombres tan insignes como Federico Fellini, Roberto Rossellini o Luchino Visconti, algo de lo que él se quejaba. Sin embargo, y como demuestra “El conformista” (1970), siempre hay sitio para films que ofrecen una nueva impronta.
A mi juicio esta película resulta muy valiosa tanto a nivel formal –el montaje alternado o la fotografía- como a nivel de contenido –una sabia reflexión sobre la Italia de Mussolini-.


Argumento:

Su protagonista, Jean-Louis Trintignant, interpreta a Marcello Clerici, un errático adepto al fascismo. Y digo errático porque en su alma no late la autenticidad o el arrojo de ninguna ideología por extrema que sea. En un momento dado otro personaje le inquiere: “¿Nunca se ha preguntado Clerici, por qué la gente quiere colaborar con nosotros? Algunos lo hacen por miedo, otros por dinero…sólo unos pocos creen en el fascismo. No obstante no creo que a usted le mueva ninguna de esas tres razones”.
Por el contrario, en este atormentado Clerici palpita el odio y el ánimo de aniquilar al enemigo para saldar la venganza hacia una infancia truncada por abusos sexuales y así integrarse en la “normalidad” del signo político aceptado en su país. Además va a casarse con Giulia, una bella y sumisa joven a la que considera mediocre “para llevar una vida normal”.


Justamente en su luna de miel transcurre la operación en la que debe acometer el asesinato hacia un antiguo y querido amigo, pareja asimismo de la mujer con la que redescubre el amor –más resuelta y adelantada que la suya-. Pero el rol de Trintignant se caracteriza por su cobardía, por algo es el conformista.



El actor principal y la estética del filme:

Sobra decir que Jean-Louis Trintignant está espléndido. Su mirada, a veces hueca y otras angustiada, sus maneras apocadas y su parquedad gestual, casan perfectamente con el personaje. Llaman la atención ciertos espacios fríos e impersonales, que generalmente se relacionan con la presencia de otros individuos con quienes mantiene un ambivalente vínculo, el del fascismo y la conveniencia.
Estamos ante un clásico, el que más me ha gustado personalmente de Bertolucci.



domingo, 10 de febrero de 2013

'Holy Motors' o la valentía de Leos Carax


Enfant terrible, autor maldito, raro…son sólo algunos de los adjetivos que acompañan a menudo a la figura de Leos Carax. Personalmente y tras ver “Holy Motors”, únicamente me resta decir que este realizador tiene una personalidad, un estilo y una valentía –una grandísima valentía- bastante inusuales en la actualidad.

(Spoiler) En el presente film observamos un inicio muy elocuente: en una sala de cine los espectadores se muestran indolentes, desconectados, con los ojos cerrados y totalmente inactivos en definitiva. Mientras tanto y muy cerca –no olvidemos que estamos ante una cinta algo surrealista o muy libre en su narración-, el propio Carax se halla en una habitación con una pared empapelada mediante el dibujo de unos árboles, de un bosque. El director se acerca a ella, la abre casi a golpes y entra de inmediato en la anteriormente citada sala de cine: así, cual demiurgo introductor y lúcido, da comienzo a su creación o a su poética visión de la realidad interpretada por el gran Denis Lavant.

¿Pero qué cuenta “Holy Motors”? Mr. Oscar –Lavant- encarna a una especie de actor que recorre París en limusina y que representa diversos ‘actos’ o ‘eventos’ -mendigo, asesino, padre de familia, etc.- que le son encomendados y para los cuales se transfigura según la ocasión mediante maquillaje, postizos o curiosos ropajes.
En el que más me llamó la atención de todos ellos, el protagonista, como un singular monstruo, pasea por un cementerio hasta llegar al enclave donde están haciendo una sesión de fotos con una modelo –Eva Mendes-. Tras raptarla, él transforma su escotado vestido en una especie de burka que ella se retira de la cara asemejando una Virgen, mientras Lavant, desnudo e itifálico, se recuesta sobre ella: la imagen resultante recuerda a una Piedad.


Pero Mr. Oscar no está sólo en su labor: hay más actores en limusina, hay múltiples ‘eventos’ y ‘actos’…Y quienes generan esos actos son los motores a los que alude el título, y quizás el mundo actual corre el peligro de quedarse sin ellos, sin belleza, sin acción…tal y como afirman en su diálogo esas limusinas ya aparcadas al final… (fin de spoiler).





Igual que reza la publicidad del filme, “Holy Motors” consiste en “una sublime locura”, la obra de un autor muy innovador que no busca un baño de masas. Con Leos Carax se puede entrar en conexión o no, no pienso que se trate de tener un paladar más o menos exquisito, eso sí, la singularidad de su lenguaje y mensaje difícilmente puede cuestionarse.

miércoles, 30 de enero de 2013

Grandes dramas sin importancia


Aunque a priori “El lado bueno de las cosas” (“Silver Linings Playbook”, David O. Russell) huele a la clásica película simplona y de final fácilmente gratificante, no me cabe duda después de visionarla de que es mucho más que eso.
Pat (Bradley Cooper) acaba de salir de una institución psiquiátrica tras ocho meses de internamiento por agredir al amante de su mujer, a quienes pilló in fraganti. Sin embargo, el rol de Cooper enseguida resulta entrañable aunque alocado, sí, por su empeño en recuperar a su pareja a pesar de todo, pero también se antoja adorable por la torpeza y el carácter incongruente del que hace gala y por su inocente actitud positiva típica de libro de autoayuda.

Tal vez este film bascula desde lo universal a lo particular en cuanto al concepto de crisis se trata, tomando como referencia en este caso una pérdida amorosa, ésa que el protagonista, en una especie de fase de negación, se resiste a aceptar…hasta que traba amistad con Tiffany (una espléndida Jennifer Lawrence).

Ambos personajes encarnan la inestabilidad, la marginalidad y el dolor pero envueltos en un halo de humor y dulzura y en un ambiente (la familia de Pat) en constante ebullición. Una efervescencia que provoca a ratos la risa y la agitación en el espectador, quedando reforzada esta última por los potentes movimientos de cámara.

“El lado bueno de las cosas” juega a la alternancia de la tensión dramática y cómica continuamente hasta llegar a un final predecible pero agradecido. Me hubiese gustado verla en versión original, sobre todo por la actuación de Jennifer Lawrence, pero otra vez será.

viernes, 18 de enero de 2013

Ocaña, el documental


Reconozco que antes de ver “Ocaña, retrato intermitente”(1978), poco sabía de la figura del artista José Pérez Ocaña (1947-1983). Lo especial de este documental de Ventura Pons reside en el hecho de que el director se ha centrado fundamentalmente en los recuerdos de la niñez y adolescencia del protagonista en su pueblo originario, Cantillana (Sevilla), y en su peculiar visión del mundo para la España de aquel entonces...en lugar de abordarlo de un modo más intelectual. No por casualidad su propia persona ya reviste gran interés: relegado en su localidad natal por su homosexualidad, se marchó a Barcelona con 21 años, convirtiéndose en una figura clave de Las Ramblas y dando salida a su creatividad provocadora a partir de los 70'.

En esta cinta Pérez Ocaña se narra a sí mismo ante la cámara con picardía e intencionada ingenuidad. Cuenta amoríos varios y desvela a su manera, con un habla cadenciosa y seductora, la esencia de su arte, que no es otra que la subversión de muchos elementos religiosos o relativos al folclore andaluz que él convierte en explosiones de alegría, fiesta y color en sus cuadros –llenos de influencias de las vanguardias del siglo XX- y en performances en las que se traviste de mujer. Y precisamente estas performances se alternan en el montaje del documental con sus historias.

Sentado en la cama de su personalísima casa y flanqueado por un espejo que a veces lo reencuadra, defiende un tipo de arte muy conectado a la gente – como exponer en la calle- y la propia condición de marginal en la sociedad.

Dijo Ventura Pons sobre esta película: “He realizado Ocaña, retrat intermitent a partir de un guión estructuralmente muy rígido, muy cerrado y que he querido llevar, tanto en la filmación como en el montaje de la película, hasta sus últimas consecuencias. Con esto quiero decir que me interesa el concepto de la película tanto como lo que se dice y lo que se ve en ella. Nada no hay que sea premeditado”(*).

En 2012, el Grupo S.O.S Patrimonio y la Universidad de Sevilla, decidieron rescatar y poner en valor el legado de Ocaña.



(*)http://www.venturapons.com/Castella/peli%20ocanya%20cast.html

lunes, 31 de diciembre de 2012

Distanciamiento


Si bien en la mayor parte de las biografías se pretende recoger los momentos más interesantes o destacados del personaje de turno, en “El profesor” (“Detachment”, 2011) su director, Tony Kaye, parece haber elegido centrarse e incluso regodearse en lo más dramático de su protagonista, o casi. La historia de Henry Barthes es la de un hombre que conjuga su trabajo de docente suplente que da tumbos de un instituto a otro, con los traumáticos recuerdos de su pasado a modo de flashbacks y con sus concepciones sobre la vida... concepciones éstas y teorías llenas de un dolor punzante que narra a veces él solo mirando a cámara o a alguien que se sitúa fuera de campo.

La trama transcurre en una escuela marginal de Estados Unidos con alumnos, profesores y padres devastados anímicamente. Al inicio del curso un chico se encara con Henry, el rol de Adrien Brody, estrellando su cartera contra la pared. Su respuesta ante ese hecho lo definirá: “Ese bolso no tiene sentimientos. Está vacío. Yo tampoco tengo sentimientos que tú puedas dañar”. Barthes cree no poseer la receta para cambiar nada sobre el sistema educativo, pero en este nuevo centro verá una pequeña luz al ganarse la credibilidad y el respeto de su clase, con sus aciertos y desaciertos.

Además, mediante sus paseos nocturnos por la ciudad y con el rostro derrotado y angustiado de Brody, no resulta difícil hallar una formulación de la soledad tortuosa parecida en parte a la de otra gran película de este año, “Shame”, interpretada de un modo igualmente soberbio por Michael Fassbender.
Poco a poco, ese Henry del inicio, distante e indolente, dará paso a un nuevo hombre en cuyo futuro se vislumbra un hilo de esperanza y entrega, como los cuidados que procurará a una joven prostituta.



A pesar de su innegable calidad, pienso que “Detachment” es un film sólo apto para un día en el que se tenga la suficiente entereza como para resistir su dramatismo y para comprender su sutil mensaje positivo.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Estrenos franceses, cosecha de 2012


Siempre he pensado que la cinematografía francesa era, en términos generales, una de las más destacadas del mundo, o casi. El único problema en España –multiplíquenlo por diez en una ciudad pequeña- reside en que la mayor parte de estos films no se estrena por vías comerciales, si acaso en cines pequeños o especializados en esta línea o directamente en filmotecas. Sin embargo me da la impresión de que este año ha resultado especialmente fructífero para el país vecino, puesto que la lista de películas galas que se ha podido ver en muchas salas se ha alargado bastante y está además compuesta por obras en donde lo comercial y el espíritu crítico quedan convenientemente equilibrados.
Empezamos 2012 con los récords que batió “The artist” en los Oscar al lograr cinco de esos galardones habitualmente tan predecibles. Más tarde y con “Amour” de Michael Haneke continuó el prestigio medido en premios.
En otro orden diría que con “Intocable” se alcanzó una gran conexión con el público, pero desde mi humilde punto de vista, su exceso de buen rollo y su necesidad de complacencia chirrían bastante. La energía y la comedia con reminiscencias teatrales llegaron con “El nombre” (“Le prénom”, Alexandre de la Patellière). Su planteamiento es bien sencillo: un pequeño grupo de familiares y amigos se reúnen para cenar. Uno de ellos revelará como una broma el nombre que le pondrá a su futuro hijo (Adolf) y a partir de ahí las peleas por cuestiones políticas y los trapos sucios personales sacudirán a sus personajes en una velada sin duda “inolvidable” y sin duda también emparentada con la de “Un dios salvaje” de Roman Polanski. La pátina de dulzura y cuento de hadas así como de reivindicación social la obtuvimos con “Las chicas de la sexta planta”, con la presencia española de Carmen Maura, Natalia Verbeke y Lola Dueñas.





“La delicadeza”, dirigida por el autor de la novela en la que se basa, David Foenkinos, despliega su elegancia con la trama de una mujer, Nathalie (Audrey Tautou), que despierta del duelo por la muerte de su pareja fijándose en uno de los subalternos de su empresa, Markus. La pega que representa Markus –atolondrado, raro, torpe, reservado y bondadoso- para el entorno de Nathalie es el hecho de parecer poca cosa. Afortunadamente esta cinta guarda fidelidad a su título y por ello resulta balsámica.



Pero como la realidad se impone, el director grecofrancés Constantin Costa-Gavras ha regresado para poner de relieve la dolorosa situación económica de la Europa actual con “El capital”. Con las maneras de un contador de historias y con el rigor de un profesor ha desarrollado un argumento centrado en el director de un banco (Gad Elmaleh) que representa la desvergüenza y la falta de ética predominante en la mayoría de los altos directivos de estas entidades.



Quizás todos estos films franceses hayan sido los más laureados o publicitados en España, pero aún quedan (me quedan) otros por citar y por ver como “El Skylab” de Julie Delpy o la aclamada “En la casa” de François Ozon.

(*)Fotografía: http://cine-espiritualcoriacaceres.blogspot.com.es